Entrevista con Nigel Jackson
El Karate sudafricano es conocido y respetado internacionalmente por su fuerte, vigorosa y dedicada base de Karate Shotokan Tradicional. Hemos entrevistado a varios miembros importantes del linaje de Karate sudafricano, y estoy emocionado de presentar otra entrevista semejante con Nigel Jackson. Llevada a cabo a lo largo de un periodo de semanas en 2010 (con actualizaciones en 2011) esta entrevista es una discusión "directa al grano" sobre algunos de los puntos más importantes en su larga carrera entrenando.
Con vívidos y coloridos detalles, Nigel habla de una gran variedad de temas, abarcando el tiempo que pasó en Japón, sus experiencias allí con los instructores, y su dirección más reciente en las Artes Marciales.
Me gustaría aprovechar esta oportunidad para dar las gracias a Nigel por regalarme amablemente su tiempo y compartir sus historias, y también a los miembros de The Shotokan Way por sugerir preguntas.
Preguntas de The Shotokan Way.
Shaun Banfield: Sensei Jackson, ¿me permite empezar esta entrevista dándole las gracias, por favor? Sé que es usted un hombre muy ocupado, así que agradezco profundamente su contribución.
Nigel Jackson: ¡De nada! Siempre disfruto hablando de mi Karate-do. Lo considero la principal razón de la riqueza de mi vida.
SB: ¿En qué parte de Sudáfrica nació y se crió? ¿Podría contarnos también un poco acerca de su juventud y vida en Sudáfrica?
NJ: Nací en Springs, un pueblo de minas de oro al este de Johannesburgo. Poco después de que mi padre regresara a casa de servir en la Segunda Guerra Mundial, se hizo minero de oro, y se dio cuenta de que la detestable situación política presentaba pocas posibilidades de una buena vida para nuestra familia. Oyó hablar de mejores posibilidades disponibles en Rodesia del Norte (ahora Zambia) en el Cinturón de Cobre, así que nos trasladó a Mufulira, un pueblo minero situado a justo 10 millas de la frontera del Congo Belga (ahora República Democrática del Congo). Me crié, fui educado y me casé allí.
Mi temprana juventud como niño de la colonia británica estaba directamente sacada de un cuento. Prefería boxear que explorar. Unos pocos amigos y yo desafiamos las advertencias de nuestros padres de nunca aventurarnos a entrar en el monte por los animales peligrosos. A medida que pasó el tiempo, llegué a ser bastante hábil en artimañas en el monte y técnicas de supervivencia, y creo que eso me ayudó a lidiar con las dificultades del entrenamiento kenshusei en Japón.
Tuve algunas experiencias únicas de niño. Fui a expediciones profesionales de caza de cocodrilos; caminé en medio de incontables manadas de animales salvajes en las tierras llanas del gran y salvaje Río Kafue de Zambia; caminé hasta unas cuantas aldeas africanas en el Congo donde la gente blanca nunca iba. A principios de nuestra adolescencia, mis amigos y yo nadábamos con regularidad en el Río Kafue infestado de cocodrilos. Todavía me pregunto cómo nos libramos de un ataque. Todo eso y nunca contraje malaria ni bilharzia (una enfermedad de agua estancada en el hueso).
SB: Así que tuvo una vida muy activa. ¿Diría que era un atleta por naturaleza?
NJ: Estaba en la media como atleta, pero siempre daba el 100% en los deportes que jugaba y tenía una fuerte voluntad de tener éxito.
SB: ¿Y dónde fue su introducción a las artes marciales?
NJ: Durante mi juventud me di cuenta de que necesitaba mejores habilidades de lucha que mis conocimientos muy básicos de Judo y boxeo. Me uní a dos tipos más mayores que estaban recibiendo instrucción (más bien demostraciones) de un hombre que acababa de llegar del pueblo vecino de Kitwe para trabajar en nuestra mina. Uno de nuestro grupo se unió a Steve Arneil de Kitwe, los dos fueron a Japón para entrenar con la organización Kyokushinkai de Mas Oyama.
Nuestro profesor/demostrador había trabajado en botes pequeros japoneses que atracaron en el puerto sudafricano de Durban, donde había visto algunos movimientos de los marineros japoneses. También aprendimos algunos movimientos de unos pocos expatriados británicos que habían sido comandos/prisioneros de guerra durante la campaña Burma.
Tenía veintipocos años cuando conocí y me casé con mi alma gemela, Yvonne. Teníamos una pequeña cantidad de dinero (mucho para dos personas de veinte años) y un nuevo y elegante coche deportivo alemán. Todo lo que necesitábamos era experimentar la vida en una gran ciudad.
La mayoría de mis amigos se fueron al Reino Unido por dos años, donde hacían trabajos de poca importancia y trabajaban en obras, antes de regresar a casa para trabajar en empleos fijos. A Yvonne y a mí no nos atraía eso, así que nos mudamos al sur, a Johannesburgo. Rápidamente nos dimos cuenta de nuestro error. El sistema colonial en Zambia estaba basado en diferencias sociales y culturales, mientras que el sistema sudafricano de apartheid era brutal y represivo, como un estado policial. Podíamos sentir el peligro y la hostilidad, y el encarcelamiento de Nelson Mandela y la masacre de Sharpeville había creado un gran enfado y angustia en la gente africana. Aunque Yvonne y yo no estábamos motivados políticamente, decidimos salir de ese loco país y regresar a nuestra ciudad natal, pero nos retrasó el inminente nacimiento de nuestro primer hijo.
Fue durante esa época de inestabilidad cuando me uní al Centro de Karate de Stan Schmidt en Johannesburgo. Él estaba de regreso a casa tras haber conseguido su Cinturón Negro (Sho dan) en Tokyo. También me enteré de que un maestro japonés de Karate estaba a punto de visitarles. Nunca había visto ninguna persona japonesa en la vida real. Empecé a entrenar en serio para prepararme para la llegada de Keinosuke Enoeda, que coincidió con la llegada de mi hijo, Gary.
Llegando tarde a la calse, observé a ese hombre japonés, que sólo llevaba pantalones de gi y un cinturón negro, ejecutar una serie de movimientos que posteriormente descubrí que eran los dos primeros katas Tekki. Quedé fascinado por su coordinación, elegancia y potencia, y estaba seguro de que yo podría utilizar con éxito unos cuantos de esos movimientos en una pelea. En aquel momento decidí ir a Japón a estudiar con los japoneses.
Yvonne estaba todavía en la casa de maternidad cuando sugerí que regresásemos a casa en cuanto nuestro hijo pudiese viajar, ella habría accedido a ir a cualquier lado con tal de dejar Sudáfrica. Así que planeamos nuestra aventura: Yo trabajaría en el Cinturón de Cobre y ahorraría suficiente dinero para financiar una estancia de un año en Tokyo, de forma que yo podría estudiar el arte de lucha del Karate e Yvonne podría estudiar Ikebana (arreglo floral japonés).
SB: En la sociedad actual, hacer un viaje a Japón en busca de una afición o un interés parecería quizá de importancia secundaria comparado con construir un hogar y consolidar una vida para tu familia. ¿Tenía preocupaciones en ese sentido en aquella época?
NJ: No, no nos preocupaba en absoluto. Era lo que se hacía en esa parte del mundo, seguir hacia delante, experimentar la vida en otra industria o país durante algunos años antes de sentar la cabeza en un trabajo fijo. Además, éramos muy jóvenes, y yo tenía excelentes capacidades técnicas y no habría tenido ningún problema para encontrar un empleo lucrativo.
SB: Antes de entrar a hablar en profundidad de su Karate en Japón, ¿podría contarnos algo del Karate que practicó antes del viaje?
NJ: Como todo el mundo en el sur y el centro de África en aquella época (1957) nos reuníamos en patios traseros y otros lugares con otros jóvenes afines y practicábamos en base a cualquier libro de Karate que encontrásemos.
Intentábamos romper rocas y ladrillos con nuestras manos desnudas; golpeábamos con puño y pierna sacos de arena; y nos golpeábamos los unos a los otros en posiciones muy próximas hasta que estábamos amoratados y sangrando. Lo único que no intentamos fue golpear a un toro en la cabeza. ¡¡Los toros africanos son mucho más grandes y fieros que los japoneses!!
Como he mencionado anteriormente, nuestro pequeño grupo tenía un demostrador que una vez había hecho trabajo de mantenimiento de un barco japonés en el puerto de Durban. Él nos mostró lo que había copiado de la tripulación japonesa.
Un ex-comando de la Segunda Guerra Mundial que había sido capturado por las fuerzas japonesas en Burma también nos enseñó sus técnicas de ataque comando y lo poco que habían tomado de sus captores.
Nuestro entrenamiento no se parecía al Karate japonés ni de lejos.
SB: Bueno pues ¿en qué año viajó por primera vez a Japón?
NJ: Mi breve encuentro con Enoeda Sensei en Johannesburgo y mi deseo de estudiar Karate en Japón, unido al hecho de que por alguna razón sentía la necesidad de demostrarme a mí mismo que podía hacerlo solo, motivaron mi decisión de ir a Japón.
Yvonne, el bebé Gary y yo aterrizamos en Japón en enero de 1967, durante uno de los inviernos japoneses más fríos en décadas. Nuestra ropa era inadecuada; tuvimos que ir a comprar ropa nueva en tiendas no acostumbradas a extranjeros como nosotros. También era difícil comprar comida y navegar el sistema subterráneo de ferrocarril. Éramos los consabidos "conejillos de jungla".
Había escrito a Mas Oyama para entrenar en Japón. Respondió que sería bienvenido en su dojo y que pediría a algunos de sus miembros que me ayudasen a establecerme en Tokyo.
La JKA ignoró una carta similar.
Por pura casualidad, repetidamente pasamos andando por delante del dojo Kyokushinkai, pasando de largo, después nos dieron indicaciones en la recepción de nuestro hotel hasta un dojo cercano. Fuimos andando directamente a la central de la JKA en el barrio de Korakoen.
Reconocí el tipo de Karate que había hecho en Johannesburgo y me apunté de inmediato.
Yano Sensei dirigió al nuevo grupo a través de los primeros movimientos más básicos. Más tarde, Takagi Sensei me llamó a su oficina antes de que comenzara el entrenamiento posteriormente esa semana. Me dijo: "Dijiste que eras principiante pero vemos que has tenido experiencia básica en Karate..."
Yo contesté: "Bueno, sí, he entrenado en Karate hasta 4ºKyu (cinturón violeta)".
"¿Por qué no lo dijiste desde el principio?" ¿Dónde estaba mi certificado de Grado Kyu? ¿Con quién había entrenado? Se me escapó el nombre de Enoeda. Todo el mundo en la oficina se quedó en silencio y con miradas en blanco.
Entonces dijo: "¡Enoeda Sensei! ¡Es un instructor muy famoso! ¿Por qué no lo dijiste cuando te apuntaste? ¿Dónde recibiste lecciones de Enoeda Sensei?"
Tuve esa sensación de que te hundes; no revelé mi experiencia con Enoeda Sensei. No tenía ninguna carta de presentación suya ni certificado de Kyu ya que tenía prisa por dejar Sudáfrica y no los recogí.
Nací en Sudáfrica, apenas viví allí, pero insistí en que no era sudafricano sino de Zambia. ¿Dónde estaba Zambia? Y si era de Zambia, ¿por qué no era negro? "¿Tus abuelos vinieron de Escocia? Entonces, ¿eres escocés?"
"No, no soy escocés, mis abuelos lo eran, no yo", seguido de más miradas en blanco. Y la peor respuesta de todas, "¿Por qué has venido a Japón?"
Yo respondí: "He venido a aprender vuestro arte de lucha".
"¿Por qué luchar? Mejor aprender primero Karate-do y kihon".
"OK, OK", respondí.
Empecé mal. Sin embargo, noté que les impresionó el hecho de que hubiera insistido en empezar como principiante en Japón. Me llevó unas ocho semanas aclarar (casi) mis confusas respuestas y a los japoneses darse cuenta de que ese gaijin (persona no japonesa) era realmente diferente a los demás que se apuntaban sólo para un corto periodo de entrenamiento en Karate.
No afirmé ser cinturón negro ni era campeón de Karate de mi país. No necesitaba que me dieran rápidamente otro cinturón negro mientras estuviese allí por un corto periodo de tiempo, y no tenía ningún interés en obtener diplomas y medallas. ¿Lo único que me interesaba eran sus clases de arte de lucha?
No me cambié a otras organizaciones o dojos más complacientes como hacían tantos otros no-japoneses cuando las cosas no se hacían como ellos querían. Al final los japoneses a menudo se referían a mí como "el gaijin diferente". Durante aquella época de grado Kyu, muchos europeos, americanos, unos cuantos británicos, dos franco-canadienses y otros extranjeros del Hemisferio Norte, llegaron a la JKA de Tokyo para experimentar el entrenamiento de Karate. A todos les desagradaba la manera poco amistosa con la que eran tratados por los instructores japoneses y otros oficiales JKA. Excepto Takagi Sensei, que una vez había decidido que eras un auténtico estudiante de Karate-do, hacía lo indecible por ayudar y ser amable.
Como resultado, muchos se trasladaron a los cercanos dojos de Goju ryu de Gogen Yamaguchi y Higgaona (sic) donde no se les trataba como extranjeros e intrusos no deseados. Únicamente los dos franco-canadienses, Eddie Dorey y yo continuamos yendo a la JKA. Más tarde se unió a nosotros el difunto Horst Handel de Alemania, y un americano, Peter Labassi. Todos nosotros seguiríamos nuestros propios planes.
SB: ¿Puede contarnos su experiencia entrenando como grado Kyu en Japón por favor?
NJ: Las sesiones matutinas eran físicamente extenuantes y repetitivas, los instructores se hacían cargo de la clase en ciclos rotativos, normalmente uno instruía y otro ayudaba. Eran Ochi, Oishi, Okuda, Abe, Takashina, Yano, el difunto Takahashi, Majima y Tabata.
Cada uno de los días, siete días a la semana, el programa era exactamente el mismo: primero entrenamiento de kihon, después entrenamiento de kata Heian, practicando sólo los katas que estaban en tu nivel de Kyu, y finalmente entrenamiento de kihon kumite. Teníamos un pequeño descanso a mitad, y beber agua estaba prohibido.
Muchos de los no-japoneses no podían aguantar el ritmo y se iban a casa o a otro Dojo. Yo reconocía los beneficios a largo plazo del entrenamiento de repetición y simplemente continuaba. No tenía prisa por ir a ningún sitio y, a diferencia de la mayoría de extranjeros que había allí, no tenía nada que demostrar a los miembros de mi dojo cuando regresara a casa. Sólo me interesaba aprender Karate de los japoneses en Japón.
Al principio y por mucho tiempo los instructores no corregían mi técnica. Sin embargo, rápidamente me di cuenta de que cualquier japonés que hubiese entrenando a mi lado recibía una dosis de correcciones doble y entendí que eso estaba dirigido a mí, así que yo también hacía los ajustes necesarios a mi técnica. Fue beneficioso para mí.
SB: ¿Y cómo estaban estructurados los exámenes de grado Kyu?
NJ: Cada tres meses se celebraban exámenes de Kyu en el Dojo, un sábado. Me ponían muy nervioso ya que yo era muy exigente conmigo mismo cuando se trataba del progreso en Karate y especialmente porque quería medir mi progreso tal y como lo había planeado.
El día del examen el Dojo se dividía en tres secciones con largas mesas tras las cuales se sentaban los Sensei examinadores. El papel del examen se dividía en tres cuadros, uno para kihon, uno para kata y uno para kumite. Uno tenía que ir de una sección a otra siguiendo la ruta de su papel de examen.
Mis exámenes de de 6ºKyu y San Dan fueron fácilmente los más difíciles de toda mi carrera. Bajo el sistema japonés de Kyu, mantienes el cinturón blanco hasta el examen de 6ºKyu, una larga espera y mucho sacrificio ¡para acabar recibiendo el cinturón verde!
Todos nos sentábamos delante de la mesa de examinadores esperando a ser llamados. Cuando decían tu nombre tenías que ponerte de pie de un salto con un fuerte "¡OSS!" como respuesta e inmediatamente ponerte en posición de yoi.
Renald Le Bouff, el franco-canadiense, y yo esperábamos nerviosos a que dijeran nuestros nombres para presentar nuestros katas cuando Nakayama Sensei, el instructor jefe, apareció y se sentó en nuestra mesa de examen.
Dijeron mi nombre, me puse de pie de un salto y solté la obligatoria respuesta de ¡¡OSS!!
Lo siguiente que recuerdo es que Renald Le Bouff tiraba de los pantalones de mi Gi, pidiéndome que me sentara. Había completado mi kata en un estado de mente en blanco y no recordaba haberlo hecho. Me senté y Renald tranquilizó mis nervios diciéndome que había hecho el kata sin errores.
Todos los exámenes de Kyu seguían exactamente el mismo procedimiento y en todos me ponía muy nervioso. La mañana del lunes después del examen, se publicaban los resultados en lo alto de la escalera. Todo el mundo iba temprano para comprobar la lista. Nunca suspendí un examen de grado Kyu.
Todavía a día de hoy cuando estoy en una mesa de examen siento mis nervios vibrando como si fuera yo el que hace el examen.
Empecé a disfrutar y apreciar la práctica de jyu kumite, pero me sorprendió lo difícil que era olvidar las formas de la pelea callejera y adaptarse a los métodos más científicos del jyu kumite de Karate.
Estaba progresando. Esto se confirmó cuando un fornido 1erKyu japonés, que entrenaba en nuestro grupo de mañanas y que me enteré que había permanecido como 1erKyu durante más de dos años por propia elección, empezó a tener dificultades para sacar lo mejor de mí en jyu kumite. Al final yo le ganaba en cada sesión. Noté que Okuda miraba hacia el otro lado. Mi colega 1erKyu desapareció de la sesión.
El día de los exámenes de grado Dan se acercaba. Una nueva experiencia estaba a tan sólo unos meses.
SB: La JKA en aquella época tenía grandes personajes. ¿Quién tuvo un gran impacto en usted en los primeros años? ¿Podría darnos detalles de ellos, y compartir algunos recuerdos?
NJ: Hasta mi examen de grado Dan fue difícil obtener una buena impresión porque la mayoría de los instructores llegaban para la clase de la mañana, daban la instrucción, y después se aislaban en sus vestuarios hasta su entrenamiento de instructores. Se corría una cortina a lo largo del dojo para evitar que los grados más bajos que todavía estuvieran en el tatami observaran esa clase.
Los más impresionantes eran el difunto Takahashi, Ochi, Tabata, Okuda y Oishi, todos amables y de buen carácter, a diferencia de tantos de sus colegas maleducados y distantes. Takagi y Shoji destacaban entre los instructores más mayores, Takagi con su servicial enfoque paternal, y Shoji con sus impecables modales y porte. Era sumamente tímido e introvertido pero un gran ejemplo de Karate, entrenando activamente mientras instruía en todas las clases de instructores. Puede que Nakayama empezase el programa de instructores pero Shoji implementó y dirigió las duras pruebas para los kenshusei.
Yo me colocaba al otro lado de la cortina, simulando hacer ejercicios de estiramiento, de manera que podía echar un vistazo al área de entrenamiento de los instructores. Ochi, en su mejor momento en aquel entonces, era flexible, poderoso y preciso, y tenía un devastador pero controlado mawashi geri (una técnica poco frecuente en aquellos días) que ejecutaba sin ningún signo de agresividad. Era fenomenal.
Tabata era un hombre inusualmente grande y poderoso con técnica bonita, yo admiraba su capacidad para mover su gran cuerpo sin esfuerzo en posiciones bajas. Hombre tímido, cuando mejor ejecutaba era cuando pensaba que nadie le estaba observando.
El difunto Takahashi, era un hombre pequeño, sonriente y vibrante que tenía un aura de liderazgo. Siempre tenía tiempo para cualquiera que se le acercase en el dojo. A pesar de su talla era buen luchador y tenía excelente técnica en kata. En mi opinión, si no hubiese fallecido tan joven habría sido el lógico futuro líder de la JKA y habría asegurado que no se convirtiera en la decepción de mentalidad cerrada en la que se convirtió al final.
Okuda era mi modelo en el combate, un hombre fuerte parecido a mí en complexión y altura. Una persona amigable, reservada, muy controlada; tenía la técnica, espíritu y presencia de un genuino karateka. Yo le consideraba un Samurai.
Oishi todavía no había alcanzado su mejor momento pero ya exhibía su legendaria velocidad en jiyu kumite. Debía haber hecho Judo antes que Karate porque lanzaba a muchos oponentes al suelo si intentaban forcejear con él. Era una persona refinada que no se relacionaba mucho la mayor parte del tiempo.
Como kenshusei llegué a tener una relación más próxima y personal con todos los instructores JKA y pude observar sus contrastes: inspiradores, técnicamente excelentes, salvajes, llenos de prejuicios e impredecibles.
¡Aquellos eran los buenos tiempos!
SB: Uno de los grandes personajes de la antigua JKA del que mucha gente habla es Sensei Yano. ¿Se encontró alguna vez con él, podría contarnos algo sobre él?
NJ: Sí, era un hombre detestable, hostil y cargado de ira hacia todo el mundo, independientemente del grado. No tenía tanta habilidad en Karate y confiaba en su enorme poderío físico para abalanzarse sobre sus oponentes. Nunca pude comprender por qué le permitían comportarse como un loco en el dojo, sin control ni censura por parte de sus compañeros por su comportamiento bárbaro y contrario al budo.
Sorprendentemente, Yano nunca causó lesiones serias ni permanentes a nadie, pero recuerdo un ejemplo de su enfoque salvaje. Un instructor más avanzado que él marcó unas cuantos mae geri fuertes en sus costillas. Yano agarró a su superior por el cuello del Gi y estrelló un sanguinario golpe de enpi a su mandíbula, rompiéndola. La lesión impidió que el senpai entrenara durante unas seis semanas. No se emprendió ninguna acción contra Yano, quizá estaba bien conectado en la jerarquía de la JKA.
Eddie Dorey aprendió a arreglárselas con la carga de Yano adoptando posiciones altas, utilizando su largo alcance, y colocando su gran mano sobre la cabeza de Yano para mantenerlo a una distancia segura. ¡Era una escena cómica!
Yo no tenía ni la altura ni el volumen de Eddie y tenía que utilizar otro método para dominarle. Perfeccioné técnicas de tai sabaki para evitar su carga. Solía esperar hasta el último instante, entonces daba un golpe de cadera hacia el lado y dejaba pasar la salvaje embestida. Eso funcionó bien en mi época de Ni Dan y San Dan.
El difunto Horst Handel de Alemania, que posteriormente me siguió al kenshusei, perfeccionó la misma técnica para repeler los atrevimientos de Yano.
Mi perdurable recuerdo de Kase Sensei incluía a Yano. Kase visitó la JKA una vez y se unió a una sesión del entrenamiento kenshusei. Llevaba ya un tiempo fuera de Japón y no era tan joven. Nos colocamos en líneas unos contra otros para jiyu ippon kumite. Tras unos cuantos ataques, todo el mundo se movía un sitio hacia la izquierda. Nosotros los kenshusei podíamos mirar la fila y averiguar con quién nos tocaría enfrentarnos. Me sentí aliviado al ver que me libraría de Yano en esa sesión, pero me di cuenta que se iba a enfrentar a Kase, que estaba a mi lado en la fila. Yano cargó salvajemente contra Kase. Uno de los senpai residentes acudió corriendo e intentó ahuyentar a Yano y ocupar su lugar. Kase tranquilamente le dijo al instructor avanzado que se retirara y que no se preocupase.
En cada ataque, Kase barrió a Yano. Shoji, que dirigía la clase, siguió el juego y no ordenó el cambio de parejas hasta al menos cuatro veces más tiempo de lo habitual.
En mi opinión, Yano era un matón y nunca practicó Karate-do. Me complació escuchar recientemente que ha dejado el Karate y se ha transformado en un caballero japonés culto y con buenos modales.
SB: Ciertos textos que he leído en mi investigación sugieren que usted fue el objetivo de cierto grado de abuso o tratamiento excesivo. ¿Diría usted que es una valoración justa, podría explicarnos su opinión?
NJ: Jon Van Weenan, un karateka británico que apenas me conocía, que mi apariencia física facial fue alterada por los golpes que recibí de los japoneses en el kenshusei.
Deberían perdonar a Van Weenan por haber obtenido sus datos de manera tan errónea.
Sin duda el entrenamiento era abusivo y duro. Los matones trataban a los kenshusei de manera muy severa y excesiva, un pequeño sector entre los avanzados trataba a algunos kenshusei con brutalidad. Pero nunca fui una víctima de abusos, y tampoco lo fueron Eddie ni Horst. Cada uno de nosotros tuvimos el abuso que nos tocaba, normalmente después el entrenamiento cuando Shoji ya había dejado el dojo, pero nosotros dejamos claro que no esperábamos ningún trato especial como lo hacían algunos visitantes no-japoneses. Mi actitud era que quería hacer las cosas a la auténtica manera japonesa, y los japoneses obligaban. Disfrutaba del desafío y de que a veces se refiriesen a mí como el "gaijin diferente". Sin embargo, todos odiábamos la forma en la que los senpai matones (en particular un individuo) tiraban de rango y nos atacaban indiscriminadamente. Durante el entrenamiento de kumite con ellos, no se nos permitía atacar, apartarnos ni bloquear con esfuerzo o intención. Entraban hasta muy cerca y entonces atacaban a la cara. Estando tan cerca, apenas podían fallar, y nosotros apenas podíamos bloquear con éxito.
El entrenamiento kenshusei estaba diseñado para poner a prueba los límites físicos y mentales, el valor y la tenacidad. Podíamos dejarlo cuando quisiéramos. Nadie lo hizo voluntariamente. A uno lo obligaron los médicos tras recibir una patada en la cabeza, y otro murió. Aún así, nunca me planteé dejarlo.
La velocidad, potencia, ferocidad y precisión de los ataques de muchos instructores asombraba a los observadores no-japoneses. La mayoría no podía comprender el enfoque kenshusei con respecto al control. Uno tenía que atacar plenamente decidido y apuntar unos 20 mm pasado el punto de contacto. El defensor tenía que parar con éxito; si no, era él quien se disculpaba primero.
Yo inicialmente tenía dificultades para parar aquellos ataques relámpago, derramando algo de sangre de vez en cuando, pero nada serio. Poco a poco fui mejorando así que normalmente conseguía cada día salir del entrenamiento de una pieza.
SB: Además, se ha dado a entender que como resultado por ser tratado de esa manera, usted cambió un tanto cuando se marchó de Japón. ¿Diría que eso es cierto?
NJ: Físicamente, sí. Para entonces era una persona totalmente diferente, preparado y en forma, en excelente condición física, capaz de lanzar técnicas de Karate rápidas y efectivas. Ya podía ejecutar algunas de las técnicas que me habían fascinado cuando había visto por primera vez el entrenamiento kenshusei japonés.
También era muy fuerte sicológicamente. Había conseguido mucho más de lo que me había propuesto. Había completado el curso kenshusei y obtenido el San Dan en condiciones excepcionalmente difíciles. Los Sensei japoneses me dijeron que ningún otro no-japonés había conseguido eso antes que yo. Había hecho lo que muchos pensaban que era imposible. Regresé a África como una persona muy segura de sí misma.
Mentalmente me había transformado en un karateka japonés. En un país occidental, era como una pieza redonda intentando meterse en un agujero cuadrado. Me costaba adaptarme.
SB: ¿Qué motivó la decisión de unirse al programa de instructores?
NJ: Yo no tomé esa decisión, la tomaron por mí. Eddie Dorey llegó a Japón como Ni Dan. Tenía prisa. Quería conseguir tanto como pudiese en un corto periodo de tiempo y después regresar a casa. Dejó patente que quería entrar en el grupo kenshusei tan pronto como pudiera. Yo no tenía tanta prisa porque pensaba que iba a estar viviendo en Japón durante mucho tiempo.
Un día dos Ni Dan extranjeros (no japoneses) se unieron a las sesiones matutinas de entrenamiento. Me enteré de que ya llevaban algún tiempo en Japón y habían estado entrenando en las sesiones nocturnas. Una semana después de que aparecieran en las sesiones de la mañana, Nakayama Sensei llegó al dojo y fue directo a una reunión en la oficina de administración. Se podía sentir el estrés y la tensión de la reunión. Pude escuchar lo que decían y entender un poco del lenguaje que provenía de la oficina. Nakayama y Takagi, claramente irritados, salieron para dirigirse a los dos Ni Dan. "Muy bien, empezáis el entrenamiento de instructores mañana", y se marcharon enérgicamente.
Nos enteramos de que esos dos habían presentado una carta de Kanazawa pidiendo que la JKA de Tokyo les admitiese en el grupo kenshusei. Los instructores estaban enfadados, y Eddie Dorey y yo también, por la aparente facilidad con la que se concedió permiso a los Ni Dan.
Al día siguiente Eddie y yo observamos celosos cómo los dos Ni Dan se unían a la clase. Lo siguiente fue traumático. A un entrenamiento básico extra-duro le siguió un feroz kumite sin parar en el que todos los japoneses atacaron a los Ni Dan sin piedad. Duraron unos cuatro días y después huyeron a las clases nocturnas, para nunca volver a ser vistos en las clases de la mañana.
Unos pocos días más tarde, Nakayama llegó para otra reunión en la oficina de administración. Eddie y yo estábamos cambiándonos en los vestuarios cuando Takagi asomó la cabeza por una esquina y nos dijo que nos volviésemos a poner nuestros Gis y nos colocásemos rápidamente en fila. Nakayama sostenía pergaminos, Takagi dos pequeños ramos de claveles rojos y blancos. Primero Nakayama me leyó el pergamino a mí en voz alta, Takagi Sensei siguió entregándome un ramo. Medio entendí lo que me leyeron y sabía que flores rojas y blancas significaban felicidad en la cultura japonesa, así que me relajé un poco mientras el mismo proceso se repitió para Eddie.
Estaba ocupado explicándole a Eddie lo que pensaba que acababa de suceder cuando Takagi regresó y nos preguntó si estábamos seguros de querer ser miembros del entrenamiento kenshusei, movimos la cabeza afirmativamente. Muy bien, dijo, el lunes, después de vuestro entrenamiento normal, podéis uniros al grupo de instructores. Así es como los dos fuimos aceptados.
Dificultades y extenuación siguieron durante tres meses, ya que fuimos sometidos a feroz kumite. Era terriblemente estresante. Temía que podían matarme, y realmente planeé con Yvonne que regresase inmediatamente a África con nuestra familia si eso ocurría. No es ninguna exageración, el entrenamiento kenshusei era excepcionalmente peligroso y la posibilidad de que te mataran aquellos ataques letales e incontrolados fue una realidad diaria durante aquellos tres meses.
Nos obligaban a entrenar en la primera sesión y después continuar en el entrenamiento kenshusei. De nuestros compañeros japoneses no se esperaba que hicieran ambas sesiones.
SB: ¿Y quiénes eran las figuras líderes que enseñaban en el programa en aquella época? ¿Podría contarnos algo sobre ellos, darnos algunos detalles de su enseñanza, y si es posible compartir algunas de sus historias, por favor?
NJ: Shoji era la figura líder que enseñaba en el programa durante mi tiempo allí. Nunca faltó a una sesión y siempre entrenaba con nosotros. Nakayama era el instructor jefe pero sólo instruía alrededor de una vez cada 4 ó 6 semanas.
En enfoque de Shoji era beneficioso para mí, colocándose en posición a mi lado y demostrando mis errores. A veces delegaba en otros para corregir técnicas, pero en cualquier caso en sus sesiones uno no podía hacer nada incorrectamente sin ser corregido.
Yo recibía atención extra inmediatamente después de las sesiones por parte de instructores como el difunto Takahashi, Ochi, Oishi, Okuda, y Tabata.
Kawazoe, Horst Handel y yo practicábamos a menudo jiyu ippon después del entrenamiento y siempre recibíamos algo de instrucción extra por parte de los instructores avanzados.
El entrenamiento de kata era interesante. Todo el mundo formaba un círculo alrededor de uno de nosotros que demostraba un kata. Uno o dos avanzados señalaban algo que mejorar. Los grados más bajos no tenían permitido unirse a la práctica de katas avanzados.
SB: ¿Y experimentó usted lo que algunos han denominado la iniciación kenshusei? De ser así, ¿podría contárnoslo, por favor?
NJ: No sé de dónde ha salido esa historia. Nunca hubo una iniciación formal. Lo que sí sucedía mientras yo estuve allí, y después, era esto: Un aspirante a kenshusei, normalmente en su último año de universidad, era invitado a entrenar en la JKA en las sesiones matutinas durante las vacaciones. Después de acabar el entrenamiento, uno de los instructores avanzados entrenaba al kenshusei con duro y extenuante kumite. En algunos caso los instructores de estilo matón herían y humillaban intencionadamente al aspirante a kenshusei. Algunos nunca recibían este tipo de trato y yo me di cuenta de que los alumnos de la Universidad Takudai rara vez eran tratados con dureza.
El objetivo era forzar a los kenshusei hasta el punto de extenuación y determinar su umbral de resistencia. Nunca aprecié el trato, a menudo salvaje, que se infligía a algunos jóvenes kenshusei japoneses. En mi opinión era innecesario. La humillación iba más allá de cualquier cosa razonable o aceptable, e iba en contra del principio de respeto mutuo en Karate. No había ninguna necesidad de infligir ese daño sobre una persona, especialmente cuando estaba completamente exhausta e indefensa.
SB: ¿Y la instrucción se volvía más detallada o más centrada en las lecciones para instructores? ¿Podría contarnos cómo se desarrolló durante ese periodo, por favor? ¿Podría hablarnos acerca de su entrenamiento en el curso, por favor?
NJ: En el entrenamiento de instructores se esperaba que demostraras comprensión del kihon básico, que presentaras buenos katas Heian, Bassai Dai, y Jion, y ser un Ni Dan bastante por encima de la media.
Uno tenía que concentrarse totalmente. Todos los ataques o contraataques eran rápidos, furiosos y centrados. El control era un concepto impreciso, y los japoneses consideraban el objetivo como un punto más allá de la superficie de la piel. El lapsus más ligero en la concentración afectaría a la capacidad de bloqueo y resultaría en lesión.
Recuerdo un incidente cuando un instructor avanzado lanzó un mawashi geri controlado a la cabeza de su compañero, otro avanzado. Debió haber un lapsus de concentración porque la patada golpeó la cabeza del defensor, tirándolo al suelo inconsciente. A continuación le dio un ataque, y llamaron a una ambulancia. ¡Al día siguiente ese instructor apareció para entrenar!
Durante nuestros tres primeros meses de infierno, Eddie Dorey y yo estudiamos el lenguaje corporal del primer instructor que salía de los vestuarios de los instructores al otro lado del dojo. Así éramos capaces de predecir una sesión de kumite extra dura y considerar salir vivos y sin heridas. Era terriblemente estresante y echando la vista atrás me pregunto cómo pude tolerarlo. Me convertí en un karateka rápido y fuerte capaz de apañármelas contra cualquiera que me desafiara en jiyu kumite.
Parte 2
Shaun Banfield: Anteriormente le hemos preguntado sobre su vida fuera del dojo durante su periodo de entrenamiento como grado Kyu. ¿Podría hablarnos sobre su vida fuera del dojo durante su periodo en el Programa de Instructores por favor? ¿Cómo habían cambiando las cosas, en caso de haber cambiado?
Nigel Jackson: Nuestras vidas fuera del dojo no cambiaron mucho, excepto por el hecho de que Yvonne y yo nos habíamos llegado a sentir muy cómodos con nuestra vida en Tokyo, con nuestro hijo y el bebé en camino.
Eddie Dorey tenía responsabilidades en casa y regresó más pronto de lo que pretendía al principio, dejándome a mí sin amigo no-japonés. Yvonne había hecho amistad con una japonesa que nos acompañaba a menudo en viajes alrededor de Tokyo. Yo no hice amigos fuera de las artes marciales.
Los instructores JKA todavía mantenían la distancia, pero el lumbrera de las artes marciales Don Draeger, mi profesor y amigo, siempre me invitaba a mí y a mi familia a las demostraciones de la muy selecta All Japan Budo Federation donde Shimizu Sensei, el maestro líder de la organización Shindo Muso Ryu Jodo, y sus alumnos, realizaban demostraciones de Jodo (lucha con bastón). Era estricto sobre el tatami pero amable fuera de él, una valiosa lección que aprendí acerca de cómo tratar a los alumnos correctamente.
Don era generoso con la información sobre los métodos y costumbres japonesas, y las artes marciales. Sospecho que sabía que yo no recibiría ninguna explicación de los instructores JKA, así que me proporcionaba el conocimiento que necesitaba.
Siempre íbamos a hacer turismo alrededor de Tokyo los fines de semana, a veces acompañados de la amiga de Yvonne, Kimiko, comiendo en las pequeñas y baratas tiendas de comida tradicionales y visitando sitios interesantes.
Andábamos cortos de dinero y teníamos que trabajar constantemente en nuestros empleos de enseñanza. Yo obtuve empleos de prestigio en algunas de las grandes oficinas corporativas japonesas enseñando a los ejecutivos a hablar el Inglés de la Reina. A menudo no podíamos comer tan bien el lunes porque no habíamos ganado dinero el domingo.
Además Yvonne por descontado tenía que cuidar su dieta durante el embarazo, y la buena alimentación de nuestro hijo también era prioritaria.
SB: Muchos registros que hay por ahí con la lista de graduados del Programa de Instructores no le nombran a usted como graduado. ¿Podría aclarar cuál es la razón, y por qué ha sido omitido su nombre?
NJ: Efectivamente, no me mencionan, pero tampoco a otros no-japoneses. Nunca me molestó hasta que vi la página web de la JKA, entonces me fastidió que borraran pura historia objetiva.
Me enteré de que Malcolm Fisher de Canadá, Leon Montoya y Ennio Vezulli de Brasil y quizá otros, también fueron eliminados.
Horst Handel y yo completamos el curso y nos graduamos hasta San Dan junto con otros kenshusei. Masao Kawazoe, ahora en Inglaterra, es un ejemplo de amigo y compañero de entrenamiento japonés que completó el curso con nosotros, a él lo mencionan, pero a Horst y a mí no.
Considerando las duras pruebas que soporté como kenshusei, a menudo más que mis compañeros japoneses, no entiendo la omisión, pero puedo especular sobre ella.
Escribí a las autoridades de la JKA por correo electrónico y después lo envié por correo ordinario para asegurarme de que llegaba. Educadamente les apunté que mi nombre había sido omitido de su lista de graduados. Les pedí que lo corrigieran, pero fui ignorado, bastante descortés desde mi punto de vista y nada en línea con los modales japoneses o el budo.
Quizá fui omitido porque no me gradué en una universidad japonesa, o simplemente porque no era japonés. Los certificados que nos entregaron a Eddie Dorey y a mí cuando fuimos aceptados en el programa por Nakayama y Takagi decían que éramos "kenshusei internacionales", así que es posible que fuésemos omitidos porque no somos japoneses.
No hay ninguna duda de que los instructores de aquella época querían que el grupo kenshusei permaneciese puramente japonés. Todos nos lo demostraron de manera muy evidente, algunos con brutalidad. La frustración de no ser capaces de intimidarnos y expulsarnos del programa, como hicieron a los dos Ni Dan, debió haberles irritado mucho.
Nunca se nos permitió entrar o utilizar los vestuarios de los kenshusei y los instructores. Nosotros teníamos que utilizar los vestuarios comunes con los demás miembros. Nos permitían unirnos a ellos para los desayunos del dojo después del entrenamiento especial de invierno "kangeko".
Quizá era discriminación racial, no lo sé, pero está muy mal que los japoneses no me hayan devuelto la cortesía de una respuesta honesta a mis preguntas. Vuestros lectores pueden sacar sus propias conclusiones.
SB: Después del fallecimiento de Nakayama Sensei, surgieron rupturas dentro de la JKA. ¿Alguna vez observó evidencias de tales años de división anteriores a su fallecimiento, o estas rupturas sólo surgieron después?
NJ: Durante el entrenamiento kenshusei, y especialmente en el entrenamiento de kumite de dojo, había divisiones evidentes, al menos para los kenshusei. Era algo de lo que no se hablaba, no apreciable para cualquiera de fuera.
Había dos facciones en el dojo. La facción que me adoptó a mí incluía al difunto Takahashi, Oishi, Ochi, Tabata, Iida, Okuda y Ueki. Por ejemplo, cuando se decía yame durante el kumite y me pillaba descolocado, rodeado por la otra facción, y un avanzado de mi grupo no se podía poner conmigo, entonces me encontraba solo y en peligro de ser atacado, y las probabilidades de salir herido aumentaban considerablemente.
Cuando sucedió finalmente la separación en 1987 creo que constaba de los mismos dos grupos opuestos que existían en los sesenta. No me sorprendió.
SB: ¿Puede hablarnos más sobre esto, por favor? ¿Había una división que venía de largo tiempo atrás?
NJ: He mencionado que había dos grupos (bandos) de instructores sobre el área de entrenamiento de Instructores. Estos grupos siempre permanecieron, así que creo que había una división de mucho tiempo. La gente japonesa, y en particular los instructores JKA, nunca se permitían la "camaradería entre compañeros" como hacen los caucasianos. Cada instructor iba bastante a la suya. A mí no me interesaban sus formas sociales, así que no observaba ni me fijaba en sus formas fuera del tatami.
SB: En 1980, usted decidió apartarse de la JKA. ¿Qué motivó esta decisión? ¿Podría describir sus sensaciones al abandonar lo que debía ser como una familia después de tanto tiempo, por favor?
NJ: Lo vi venir porque cada vez me encontraba más en desacuerdo con la JKA Sudáfrica. No obstante, un evento en particular me hizo decidir marcharme y no estar asociado ni afiliado con nadie de Japón. Me comuniqué con la JKA de Japón para explicarles mis dificultades con la JKA Sudáfrica y les aseguré que mi decisión no debería ser vista como anti-JKA Japón. Sin embargo, poco después la JKA Sudáfrica se acogió a una sección de los estatutos del Organismo Nacional Sudafricano de Karate de Todos los Estilos que establecía que un individuo no podía operar un dojo en Sudáfrica a menos que fuese miembro de un estilo japonés reconocido.
La JKA Sudáfrica se aferró a esa regla y la utilizó para despojarme de mis posiciones en el ejecutivo de todos los estilos de Sudáfrica, el consejo nacional de seleccionadores, y el comité ejecutivo. La JKA de Japón condenó mis acciones y me quitó todos mis grados Dan, y lanzó una advertencia según la cual no se me debería permitir la entrada a ningún dojo JKA.
Muchos años más tarde, pregunté a un instructor avanzado de JKA Sudáfrica por qué los avanzados habían accedido a inhabilitarme. La culpa fue a parar directamente al instructor jefe; todos los demás instructores temían que también les desacreditaría de cara a Japón si no estaban de acuerdo con la decisión de suspenderme. Este fue un ejemplo claro de la mentalidad discriminatoria presente en la JKA Sudáfrica de la época.
Mi historia con la JKA se cerró finalmente en una de mis visitas a Japón, cuando me encontré a Shoji Sensei de casualidad. Estaba encantado de verme otra vez y me pidió disculpas por todo lo malo que me había hecho la JKA de Japón.
Mi gran opinión de Shoji Sensei aumentó más todavía. Me despedí de él con el corazón contento y un libro cerrado sobre ese periodo de mi carrera en Karate.
SB: En Sudáfrica hubo a veces agitación debida al apartheid. ¿Cree que eso tuvo algún impacto en el desarrollo del Karate sudafricano, y le afectó a usted en algo?
NJ: El apartheid fue una terrible farsa contra todos los sudafricanos no-blancos.
Los japoneses eran realmente ciudadanos de segunda clase y ningún instructor japonés quería ser enviado a Sudáfrica. Los karate-ka locales no tenían otra opción que no fuera viajar a Japón para entrenar en la JKA de Tokyo y de ese modo experimentar auténtico entrenamiento. Los negros que querían, no podían permitirse el viaje a Japón pero, incluso en el caso de poder, sus pasaportes probablemente habrían sido denegados. La mentalidad apartheid estaba profundamente arraigada en el liderazgo de la JKA Sudáfrica. Los avanzados de la época eran blancos que, por lo que yo sé, apoyaban al gobierno apartheid, en línea con la mayoría de blancos de Sudáfrica.
Durante una breve estancia en Sudáfrica desde Zambia, asistí a la primera sesión de entrenamiento de Enoeda en Johannesburgo. Los no-blancos no tenían permitida la asistencia, pero en cualquier caso, no habrían podido estar mucho ya que tenían que ajustarse al toque de queda nocturno.
Esta era produjo un grupo de karatekas Shotokan altamente entrenados, debido a su temprana y directa exposición al entrenamiento en Japón. Las sanciones contra Sudáfrica nos aislaron y por tanto el resto del mundo Shotokan tuvo escasa exposición a los jóvenes competidores e instructores avanzados del Shotokan sudafricano. ¡Ahí perdimos todos!
Tras mi llegada a Sudáfrica me hice miembro de la organización JKA Sudáfrica, aunque personalmente tenía intención de mudarme al extranjero a la primera oportunidad. Como no me crié en Sudáfrica yo no era un producto del sistema educativo apartheid, así que creo que tenía una mentalidad diferente a la de mis colegas en la jerarquía de la JKA Sudáfrica.
Mis planes de emigrar se suspendieron cuando me mudé a Cape Town para trabajar para una compañía sueca de ingeniería y acero industrial. Cape Town está muy lejos de Johannesburgo, el centro del Karate Sudafricano. Los líderes de la JKA Sudáfrica de Johannesburgo eran arrogantes, fríos e incomprensibles, dispuestos a manipular resultados de competiciones unos en favor de otros y ser hostiles y superiores al resto de organizaciones sudafricanas de estilos japoneses.
El Dojo Kun y los Veinte Preceptos de Funakoshi no podían conciliarse con las leyes apartheid y tenían que ser convenientemente ignorados por los instructores de Karate sudafricanos.
En particular, el instructor jefe de JKA Sudáfrica no daba cuentas a nadie y tenía el consentimiento de la JKA Japón. Los demás avanzados le siguieron detrás durante años, pero al final decidieron que ya no podían simplemente seguir. Los resultados de ese sistema son hoy evidentes: la una vez omnipotente JKA Sudáfrica ahora está fracturada y dividida. Prácticamente todos los avanzados notables se separaron de ella, mientras que muchos otros, incluyendo el instructor jefe, viven en el extranjero.
Debe estar triste por la autodestrucción de su asociación.
No obstante, el impacto de todo eso sobre mí fue significativo, me preguntó cuál fue mi impacto sobre el Karate sudafricano. Yo fui el primer karateka blanco que instruyó abiertamente a no-blancos. Unos cuantos lo hicieron antes que yo, pero siempre en secreto durante las primeras horas de la mañana.
No me considero políticamente disidente, pero siempre he sido un liberal que cree en la justicia. Eso convertía mis opiniones en agitación.
En Japón observé atentamente los horrores de la inganable Guerra de Vietnam y temía algo similar en Sudáfrica. Calculaba que el régimen apartheid no podría mantenerse a largo plazo. Yo creía en el principio de Karate-do de que el entrenamiento era para todo el mundo.
Abrí mi dojo en Cape Town para todas las razas, provocando que unos dos tercios de mis afiliados blancos se marcharan disgustados. Eso también llevó a que la policía de seguridad del estado fijara su atención en mí. Siempre que instruía en alguna escuela local de Cape Town para gente de color, un policía de seguridad estaba allí para observar. Era bastante extraño.
Con el tiempo el Organismo Sudafricano de Karate de Todos los Estilos declaró que el gobierno permitiría que los no-blancos aprendiesen Karate siempre que lo hiciesen "por separado".
Yo seguí ignorando esa supuesta concesión. Tras un ejemplo de intimidación particularmente angustioso por parte de la policía de seguridad, me replanteé mi posición y la seguridad de mi familia. Decidí "lavarme las manos" del sistema sudafricano convenciéndome a mí mismo de que yo era de Zambia y el sistema de Sudáfrica no era asunto mío. Tampoco se tuvo en cuenta el hecho de que podría haber sido deportado a Zambia fácilmente.
Decidí guardarme mis opiniones y concentrarme en la educación de mis dos hijos y nuestra seguridad. Emigraría en cuanto se completara su educación.
Una vez bajé la guardia en una conversación con un instructor avanzado de JKA Sudáfrica. Dije que nunca permitiría a mis hijos apuntar furiosos con un arma de fuego a un negro sudafricano. Fui tachado de traidor y amonestado públicamente por otro superior de la JKA por "enseñar Karate a los negros para capacitarles para matar a los blancos".
Al final no encontré ningún país adecuado al que emigrar y por lo tanto esperé a que Sudáfrica se normalizara políticamente. Mantuve mi dojo de Cape Town que me era muy preciado y pude resistir cambios técnicos siempre que un instructor avanzado regresaba del Reino Unido o de Estados Unidos con alguna técnica elaborada pero totalmente incomprendida que no se enseñaba en Japón.
Fui miembro de la JKA Sudáfrica. Asistí a todas las sesiones de entrenamiento y cooperé para llevar más lejos los objetivos de la asociación en Sudáfrica pero, hasta día de hoy, mi método de Shotokan es muy evidente en el Cape occidental.
Dejé la JKA Sudáfrica por la actitud de los instructores avanzados. Había alcanzado Go Dan. Me encantaba el método y la disciplina del Karate-do japonés. Sin embargo, me molestaba el enfoque autocrático del instructor jefe y rechazaba la atmósfera cerrada cultivada por el resto de avanzados.
Descubrí que estaban conspirando para socavar mis esfuerzos en Karate y decidí mover ficha, el primer no-japonés de alto grado en separarse de la JKA.
A las pocas semanas de mi renuncia, la JKA en Japón me sancionó rápidamente, con el beneplácito de los avanzados de la JKA Sudáfrica.
SB: Y con el apartheid estimulando mucho conflicto violento, ¿alguna vez tuvo que utilizar sus habilidades en Karate para autodefensa?
NJ: La vida en la Sudáfrica urbana no era diferente a cualquier otro sitio. La violencia estaba principalmente en el monte y regiones de la frontera, aunque en los setenta muchos pensaban que estaría bien meterse en algún tipo de pelea. Cape Town no tenía ese tipo de cultura. Además, por naturaleza soy una persona amistosa a la que no provocan fácilmente. Preferiría hacer un amigo que dejarme enredar en una pelea. Mi amable disposición y aura de autoconfianza me hacían un objetivo poco probable para la brigada local de matones.
Los problemas venían de instructores de JKA Sudáfrica que visitaban desde el norte del país o fuera de nuestras fronteras. Experimenté algunas situaciones con "cazadores de cabelleras" que se equivocaron pensando que mis modales relajados y amables era un signo de debilidad. Los manejé fácilmente ya que tenía mucha más habilidad.
Sin embargo, una vez durante una sesión de entrenamiento de kumite un visitante de Zimbabwe de repente cambió el chip. Cuando yo estaba mirando hacia otro lado lanzó un fuerte golpe circular a mi cara. Yo sentí lo que venía y pude rodar con el golpe y limitar así el daño que podía haber hecho. Le dije tranquilamente que había estado tratándole como a un alumno invitado, pero que a partir de ese instante pelearía con él de igual a igual. Ordené a la clase que saliera del dojo y procedí a darle una paliza a ese individuo. Ejercí control pero podría haber ido demasiado lejos si mi esposa Yvonne no hubiese ordenado a uno de los cinturones negros que interviniese. Ella nos salvó a ambos de un desastre.
Esa experiencia fue un crudo recordatorio de que todavía era un asesino entrenado en potencia. Juré que nunca más me expondría a ese tipo de desagradable situación. Durante un tiempo me sentí mal por las heridas que había infligido a mi oponente. Eso fue hasta que oí que era un "cazador de cabelleras" en serie y tuvo más éxito con un instructor al norte del país Por lo menos un buen resultado fue que nadie más me puso a prueba sobre el tatami.
SB: Continuó para unirse a la SKIF, que estaba y está todavía liderada por uno de los instructores más avanzados del mundo: Hirokazu Kanazawa. ¿Puede contarnos un poco sobre él?
NJ: No tuve ningún contacto con Kanazawa mientras estuve en la JKA ya que él ya se había trasladado a Europa. Tenía muchas ganas de trabajar con este supuesto gran maestro, pero fue una decepción. Aunque era un atleta natural, nunca demostró nada para justificar su reputación.
SB: ¿Y qué hay de otros miembros SKIF avanzados tales como S. Ichihara, etc.?
NJ: Ichihara debía ser un graduado de Karate a nivel de instituto, sin duda muy por debajo de la media al compararlo con los instructores japoneses de calidad. Era un individuo hosco y antipático.
Koga, el instructor jefe en Suiza, era un hombre diminuto que también exhibía habilidad en Karate de nivel de instituto.
El joven y dotado Murakammi era todavía estudiante de la Universidad de Takushoku durante mi tiempo en la SKI. Es una verdadera pena que no haya sido capaz de darse cuenta de su verdadero potencial de Karate en la SKI.
SB: En 1990, Sensei Kasuya formó la WSKF. Usted decidió seguirle. ¿Podría explicar por qué decidió hacerlo, por favor?
NJ: Kasuya y yo fuimos cofundadores de la WSKF así que no fue una cuestión de que yo le siguiera a él a la WSKF. Mis miembros y yo ya estábamos comprometidos antes de que se formara realmente la federación.
Durante varios años tanto Kasuya como yo intentamos en vano implementar cambios y mejoras en la SKI. Él incluso se marchó frustrado de la SKI en una o dos ocasiones, pero le persuadieron para que regresase. A principios de 1990, tras aguantar otra frustrante e irritante experiencia con el método SKI, decidí romper con ellos. Telefoneé a Kasuya desde Johannesburgo y le dije que me iba a salir de la SKI y que todos mis instructores habían estado de acuerdo en hacer lo mismo. Él dijo que estaba en la misma situación y estaba a punto de hacer lo mismo. Tras prolongadas comunicaciones fijamos el nombre y el logo de nuestra nueva organización. Kasuya informó a ciertas personas sobre ello. Dinamarca fue la primera en unirse con Japón y Sudáfrica.
En mi primer viaje al dojo SKI de Tokyo me crucé de nuevo con Kasuya. Nos recordábamos del Dojo JKA Suido-bashi y nos hicimos amigos. Francamente, la razón por la que toleraba a la SKI era la presencia de Kasuya.
Yo disfrutaba de su seria dedicación al Karate, su dominio físico de las técnicas de Karate y excepcional flexibilidad. Lo consideraba el mejor exponente de Shotokan que había visto. Además de eso, era un buen ejemplo de individuo muy bien educado, culto, aseado y amable fuera del tatami. Lo consideraba la persona ideal con la que asociar a mis alumnos de Sudáfrica.
SB: ¿Y cree que su Karate ha evolucionado, se ha desarrollado y progresado en su práctica y manera de pensar?
NJ: Kasuya es un tradicionalista sensato imbuido con la clase y elegancia al estilo antiguo japonés. Continuamente investiga cómo se practicaba el Karate durante la era de Funakoshi, y ha utilizado su posición no-JKA para obtener información de las escuelas universitarias de Karate más antiguas (por ejemplo Keio y Hosei) que nunca se desviaron del enfoque tradicional. Esto genera conversaciones inteligentes y estimulantes con él sobre todos los aspectos del Karate.
Por otro lado, tiene una capacidad natural para ser totalmente original. Asiste a sus seminarios para observar un estilo de Shotokan prácticamente desconocido para el resto de los instructores japoneses. Rechaza los aburridos fundamentos, el entrenamiento de desfilar arriba y abajo del tatami prevalente en el Shotokan. Es un maestro de la innovación, especialmente técnicas que incluyen acción rotatoria, y combina movimiento lineal con una serie de técnicas multi-direccionales y giratorias que muchos practicantes no-WSKF apenas pueden comprender. Eso se aplica después al kumite en ejercicios inteligentes y efectivos que obligan a los practicantes a pensar en cómo crear ángulos con Tai Sabaki, cómo utilizar la fuerza del oponente contra él, y cómo golpear utilizando el poder de rotación.
Aunque lo más impresionante es que Kasuya es un instructor que trabaja, quiero decir que nunca le verás emulando al típico "maestro japonés" que se planta a un lado a gritar órdenes a los alumnos. Kasuya entrena al lado de sus alumnos en todas las clases, demuestra cada técnica, y a los 63 está en forma, es rápido y flexible, capaz de arreglárselas y controlar a los oponentes en perfecto jiyu kumite. Se ha convertido en un karateka cuyo único objetivo es liderar con su ejemplo.
SB: Se ha sugerido que el Karate de Kasuya Sensei es representativo del Karate de los años sesenta, y representa un vínculo cercano a los principios de Funakoshi. ¿Puede explicar lo que opina de esto?
NJ: El Karate de Kasuya es sin duda representativo del Karate de los sesenta. Esa es la razón por la que me sentía identificado con él cuando nos encontramos en la SKI en mi primera visita. Él estaba haciendo el tipo de Karate con el que yo estaba familiarizado y continúa haciéndolo. Había estado investigando el estilo original de Shotokan Funakoshi y aplicando sus descubrimientos a su propio estilo de Shotokan. Yo lo encontré muy reconfortante, especialmente porque la JKA en los sesenta prefería no evocar el nombre de Funakoshi porque querían que el estilo JKA se nacionalizara como japonés, y no como Karate okinawense.
Mientras estuve en la JKA en Tokyo frecuentaba una tienda de libros extranjera en Ginza y de vez en cuando compraba todos los libros de Karate que tenían. Era un valioso recurso adicional y donde leí sobre los principios del Karate-do de Funakoshi, los cuales en mi época no se enseñaban en la JKA.
SB: ¿En qué diría que se diferencia WSKF a otras organizaciones?
NJ: Como la WSKF deriva de la JKA, hay similitudes técnicas (al fin y al cabo hacemos los mismos katas) pero nosotros preferimos movimientos fluidos más naturales y respiración al exceso de hincapié en técnicas poderosas y respiración pesada que prevalece en la JKA. Y por descontado, la principal diferencia de WSKF está en los movimientos circulares multi-direccionales en su programa de kihon y kumite. Desafío a cualquier inflexible acólito JKA a intentar asimilar una sesión de estilo Kasuya.
En general, con Kasuya Sensei al timón, la WSKF proyecta una imagen de elegancia, clase y cultura combinada con excelencia técnica, muy diferente a la de su hermano mayor JKA. En cuanto a la administración, la WSKF siempre ha sido diferente a otros grupos Shotokan, en particular a la JKA, en su enfoque igualitario. Quiero decir que en el dojo se mantiene una jerarquía estricta, pero en reuniones, etc., donde se deben abordar cuestiones administrativas, el grado no juega ningún papel y los menos veteranos pueden expresar sus opiniones sin temor a represalias por parte de los avanzados. Además, los instructores avanzados no-japoneses son más visibles y prominentes en la organización WSKF.
Pero noto en la WSKF una vuelta a la noción obsoleta de que el control de la organización debe ser retenido exclusivamente por los japoneses. Ese es un punto de vista poco afortunado y equivocado, especialmente con la creciente evidencia de que ya no cuenta con el apoyo que solía tener entre los no-japoneses.
Con un poco de suerte, la WSKF será todavía una organización joven y flexible que esperemos sea capaz de retener su global dirección original.
SB: En diciembre de 2010 decidió dejar la WSKF. ¿Cuál fue la razón detrás de esta decisión?
NJ: Hubo imperiosas razones pero debo hacer hincapié en que no hay ningún problema entre nuestro grupo sudafricano, Kasuya Sensei y cualquiera de las ramas WSKF u organizaciones de estilo japonés. Continuaremos siguiendo el método de Karate japonés y manteniendo nuestro fuerte identidad de Karate Shotokan.
Nos cansamos del enfoque autocrático japonés que creíamos demasiado preceptivo y anclado en la mentalidad de Karate los sesenta. Eso dificultaba nuestro progreso e innovación. Yo rechacé la idea de que sólo los japoneses con capaces de entender el "Budo" y el "Karate-do" y por lo tanto únicamente ellos deberían tener el control de las organizaciones de Karate.
He estado involucrado en el Karate japonés durante 48 años. Nuestro Shihankai sudafricano consta de excelentes instructores con una media de 35 años de entrenamiento en Karate Shotokan.
Los años pasados en las organizaciones JKA y WSKF fueron ideales años de desarrollo para todos nosotros pero ahora creo que estamos preparados para operar sin control japonés.
SB: ¿Podría describir la estructura de su nuevo grupo, por favor?
NJ: Somos una organización que ha fusionado con éxito democracia con disciplina de Karate y Karate-do. No nos estamos estableciendo como otro grupo internacional.
Yo me he retirado como Instructor Jefe y ahora haré de Presidente. Nuestro grupo lo controla el Shihankai. Cada miembro es un instructor internacional altamente entrenado y de grado elevado con largos años de experiencia en los sistemas JKA y WSKF.
Aquellos especialmente hábiles y capaces serán responsables de ámbitos específicos. Hemos añadido dos ámbitos extra: "métodos de lucha alternativos" y "artes marciales".
SB: ¿Puede explicar los dos ámbitos adicionales?
NJ: El difunto Don Draeger, mi profesor de Artes Marciales en Japón, a menudo hacía hincapié en que el Karate clásico tradicional japonés tenía limitaciones en situaciones de combate real. Él hacía hincapié en la gran importancia de dominar el concepto de "Zanshin" en cualquier arte marcial. Yo aplico su sabiduría en el dojo enseñando técnicas de lucha sin restricciones.
Un cinturón negro brasileño que era también experto en lucha de suelo estilo brasileño se unió a nuestro dojo de Cape Town durante un tiempo. Nos dio una comprensión más profunda de cómo defender cuando te llevan al suelo.
Quiero dejar claro que no nos anunciamos como profesores cualificados en ninguna de las Artes Budo. Enseñamos técnicas de otras Artes Marciales para mejorar nuestras capacidades de lucha y capacitar así a nuestros miembros para llegar a ser practicantes de Karate Shotokan tradicional con valor añadido. Nuestro objetivo es simplemente convertirlos en luchadores y técnicos bien equilibrados.
SB: ¿Cuáles son sus esperanzas para el futuro?
NJ: Esperamos continuar con nuestro afianzado Karate-do y excelencia técnica. Continuaremos también cooperando amigablemente con todo el Karate y otros grupos y organizaciones de artes marciales.
Tengo la esperanza de que nuestra organización, "Shotokan Karate", continúe produciendo karate-kas de excelente calibre, equilibrados tanto en Karate-do como en budo. También estoy deseando que nuestros jóvenes se conviertan en buenos campeones de competiciones en el futuro.
SB: ¿Cómo se describiría a usted mismo como instructor, podría darnos algún detalle de su estilo de enseñanza?
NJ: Soy un profesor apasionado de mi método de Karate-do Shotokan y Budo tal y como yo lo conozco. Esa es la razón por la que todavía estoy involucrado en el arte a mi edad.
Me encanta transmitir lo que sé sobre Karate y Artes Marciales a cualquier alumno y disfruto ayudando a mis compañeros de alto grado que son en su mayor parte mis antiguos alumnos y todos ellos excelentes exponentes de Karate Shotokan.
Creo que el Karate es una maravilloso método de motivación, dentro y fuera del tatami.
SB: ¿Cree que la equilibrada estructura y enfoque de kihon, kata, kumite es todavía el mejor formato y el más efectivo para animar al progreso en Karate Shotokan?
NJ: Como practicante de Shotokan tradicional creo firmemente en el entrenamiento sistemático en todas las categorías de kumite (ippon, gohon, sanbon, kihon ippon, kaeshi ippon, okuri ippon, jiyu ippon y jiyu) y kihon. Esas son las bases del Shotokan y lo que lo hace el fuerte estilo de Karate que es.
Esas diversas fases permiten el correcto desarrollo de distancia, coordinación, equilibrio y Zanshin a un ritmo que promueve el desarrollo físico y mental controlado además del aumento de confianza.
Demasiado a menudo, los instructores se saltan este sistema estructurado para centrarse en el jiyu kumite al estilo competición, para acabar descubriendo mucho más tarde que el enfoque estructurado es la única manera de convertirse en un practicante holístico de Shotokan.
SB: ¿Cómo han cambiado su actitud y sentimientos hacia el Karate a lo largo de los años, tiene usted personalmente una filosofía de Karate?
NJ: Mi actitud y sensaciones hacia el Karate han permanecido constantes desde que empecé a entrenar hace mucho tiempo. Ahora me acerco a los 70 y todavía soy tan entusiasta como siempre acerca del Budo y el Karate-do. Me encanta enseñar a nuestros alumnos jóvenes.
He adaptado su filosofía para ajustarla a las características caucasianas y después la he adoptado como propia.
Aunque se defina como arte marcial, el Karate no es sólo una forma de movimiento humano expresada en kihon y kata. En última instancia se trata de pelear y, en mi opinión, los practicantes cinturones negros deben ser capaces de aplicar su arte a través de serio kumite defensivo y ofensivo.
A menos que tengan alguna minusvalía, ningún cinturón negro, especialmente San Dan y superiores, pueden progresar más conmigo a menos que puedan demostrar habilidades de lucha efectivas.
Finalmente, el Niju Kun de Karate de Funakoshi me pareció bastante profundo cuando lo leí y decidí adoptarlo como una filosofía de vida. Intento aplicarlo en mi instrucción, especialmente animando a mis alumnos a pensar con una mente inquieta y entender lo que están haciendo realmente en su entrenamiento.
SB: ¿Hay alguna cuestión sobre la que le gustaría hablar que haya descuidado preguntarle?
NJ: He disfrutado mucho haciendo esta entrevista contigo. Me gustaría terminar animando a todo el mundo, especialmente a los jóvenes, a participar en entrenamiento de Karate. En mi opinión no hay nada mejor para desarrollar carácter y autodisciplina.
Practicad el camino del Karate, no sólo sus técnicas, sin olvidar los principios marciales y las cinco máximas dentro y fuera del tatami. Esa es la manera de experimentar la belleza del arte y sus muchos y maravillosos practicantes.
SB: Nos gustaría agradecerle todo su tiempo, esfuerzo y apoyo para presentar esta entrevista a nuestros lectores. Ha sido un absoluto placer y le deseamos todo el éxito para el futuro.
NJ: Sí, ¡ha sido un placer! ¡Gracias! De nada.