Paso a paso
La Historia de Masatoshi Nakayama
por Randall G. Hassell
Imágenes de Tom Openlander
Imágenes de Tom Openlander
Éste es un artículo de trascendencia histórica. Está basado en extensas conversaciones entre el autor, él mismo instructor JKA además de consumado escritor, y Masatoshi Nakayama, líder de la Asociación Japonesa de Karate, la mayor organización de un estilo de artes marciales en el mundo. A Nakayama le llaman "Maestro" más de seis millones de estudiantes de Karate.
Tiene 69 años. Ha practicado Karate durante 50 años. Estudió tanto en la universidad como en privado con Gichin Funakoshi, fundador del Karate japonés; y - un hecho casi desconocido - estudió Kung Fu durante casi una década en China. Es verdaderamente una figura capital en el desarrollo mundial de las artes marciales.
Hasta ahora Nakayama nunca ha aparecido en la portada de ninguna revista americana importante, tampoco ha concedido anteriormente una entrevista en profundidad a ninguna publicación americana de artes marciales.
En estos días, en las artes marciales se habla mucho acerca del "desarrollo del carácter" de cara a la galería. Una mirada rápida a las páginas amarillas en cualquier ciudad importante informa al lector de que, además de todos los beneficios físicos, el entrenamiento de Karate proporcionará "autoconfianza", "autocontrol", y "perfección de carácter". Aunque estos clichés sirven para añadir un aura de misterio y respetabilidad a las escuelas de Karate, muchos nuevos alumnos rápidamente (y con dolor) se dan cuenta del hecho de que los métodos empelados para desarrollar todo este carácter y autoconfianza a menudo giran alrededor de un conjunto de "sacúdeles, pégales, dales-una-paliza y a-ver-cuántas-flexiones-pueden-hacer-antes-de-desfallecer". Aquellos que sobreviven y en última instancia ganan sus cinturones negros se consuelan en el hecho de que algún día ellos, también, podrán desarrollar "carácter" y "autoconfianza" en nuevos miembros.
Masatoshi Nakayama, cinturón negro noveno grado y director de la Asociación Japonesa de Karate (JKA), también tiene mucho que decir acerca del desarrollo del carácter y la autoconfianza, pero sus métodos son indudablemente de otro mundo. Él dice: "El verdadero propósito del Karate no es ganar peleas o torneos. El verdadero propósito del Karate es percibir la verdad de la vida a través del entrenamiento diario, y conseguir confianza en uno mismo."
Si esto suena como el típico hablar de cara a la galería, debería destacarse que a la edad de 22, Nakayama, actuando por instrucción de su profesor, Gichin Funakoshi, buscó la verdad de la vida viajando a pie por Mongolia, a través de las Grandes Montañas Khingan, hacia la Mongolia exterior. Con sólo su entrenamiento diario de Karate para sustentarse, deambuló a través de las estepas de la Mongolia exterior, solo, con hambre y miedo. Tras cuatro meses de buscar arduamente el despertar espiritual y fuerza interior, Masatoshi Nakayama superó sus miedos y obtuvo autoconfianza.
¡Hablar de boquilla! Este hombre no escupe vacíos clichés; habla desde la experiencia directa en Karate - una experiencia que prácticamente no tiene igual.
Nacido en una familia de instructores de esgrima en la ciudad de Yamaguchi, en Japón, en 1913, el joven Masatoshi Nakayama recibió la mayor parte de su educación elemental en Taipei, Taiwan. Su padre, Naotoshi, era un cirujano del ejército y maestro de Kendo que introdujo a su hijo al Kendo cuando Masatoshi era todavía un niño. Mientras estuvo en Taiwan, el joven Nakayama era muy atlético. En la escuela elemental, corría sprints en el equipo de atletismo, nadaba todos los días y jugaba a tenis. Al regresar a Japón y entrar en la escuela media, concentró sus energías en el Kendo y el esquí.
"Para cuando estuve listo para entrar en la universidad", dice, "era bastante hábil en Kendo. Así que, cuando llegué a la Universidad de Takushoku, inmediatamente comprobé el horario para ver cuándo practicaba el club de Kendo. Pero malinterpreté el horario, y cuando llegué al dojo, había un montón de hombres en uniformes blancos practicando movimientos extraños, como de danza. Uno de los más mayores se acercó y me dijo que estaban practicando Karate, y que si me gustaba lo que veía, podía probar en la siguiente sesión de clase. Yo había leído algo sobre el Karate en los periódicos, pero no sabía mucho del tema, así que decidí sentarme y mirar un rato. Enseguida, un hombre viejo entró al dojo y empezó a instruir a los alumnos. Era extremadamente agradable y sonreía a todo el mundo, pero no había duda de que él era el instructor jefe. Ese día vi por primera vez al Maestro Funakoshi y el Karate. Decidí que realmente me gustaba aquel hombre y que probaría el Karate en la siguiente clase porque, con toda mi experiencia en Kendo, sería fácil. En la siguiente clase, sucedieron dos cosas que cambiaron mi vida: Primero, me olvidé completamente del Kendo, y segundo, descubrí que las técnicas de Karate no eran en absoluto fáciles de realizar. Desde aquel día hasta este, nunca he perdido la sensación de desafío inherente al intentar dominar las técnicas de Karate-do."
Desde aquellos desfavorables comienzos hace 50 años, Masatoshi Nakayama ha perseguido su desafío con una venganza. Autor de más de 20 libros sobre Karate, Nakayama es hoy el instructor jefe de más de seis millones de miembros de la JKA en el mundo, habiendo sido personalmente elegido por Gichin Funakoshi para transmitir el Karate-do Shotokan JKA al resto del mundo.
Gichin Funakoshi, el hombre que introdujo el Karate en Japón desde Okinawa, era un hombre de previsión y visión de futuro. Cuando el joven Nakayama entró en su dojo en 1932, inmediatamente percibió que había algo especial en ese joven, y actuó rápidamente para desarrollar el potencial de Nakayama.
"Las sesiones de entrenamiento con el Maestro Funakoshi", recuerda hoy Nakayama, "eran muy estrictas y rígidas. Durante las sesiones de clase en la Universidad, Funakoshi Sensei nos observaba mientras ejecutábamos técnica tras técnica, cientos de veces cada una. Entonces escogía un kata, y nosotros lo repetíamos 50 ó 60 veces. Esto siempre iba seguido de intensa práctica sobre el makiwara (poste de golpeo acolchado). El mismo Maestro Funakoshi se unía a nosotros en el makiwara, y puedo recordarlo golpeando el makiwara hasta 1000 veces con los codos. Durante mi primer año de entrenamiento, me invitó a mí y a varios otros a ir a su casa por las noches, tras haber terminado nuestro estudio. En su jardín trasero, tenía un pequeño suelo de madera construido como una zona de entrenamiento en el exterior. Cada noche iba a su casa con dos o tres alumnos más, y practicábamos algo más bajo la supervisión del Maestro. Algunas veces practicábamos nuestros katas hasta bien entrada la noche, y teníamos que tener cuidado de no chocar entre nosotros."
Este extraordinario aprendizaje continuó sin disminución hasta 1937, cuando Nakayama dejó la Universidad de Takushoku y partió para cumplir un sueño que había alimentado toda su vida: fue a China a estudiar la lengua, sociedad e historia china. "Fui a Pekín como alumno de intercambio", dice, "para estudiar la lengua china (mandarín), la sociedad y la historia. Y ¿sabes qué?", se ríe, "¡Una de las primeras cosas que vi en China fue el boxeo chino! Al principio, no me impresionaron mucho las artes chinas como métodos de lucha. Enfatizaban movimientos circulares, y no tenían ningún kime (enfoque) como el Karate japonés, así que pensé que eran débiles."
Pero estas opiniones anticipadas cambiaron rápidamente.
"Una vez vi a un instructor romperse un brazo al recibir lo que parecía ser una parada circular blanda, y decidí que debía mirar más a fondo en las artes marciales chinas."
Y eso es lo que hizo. Durante diez años estudió muchos estilos diferentes de artes marciales chinas. "A medida que pasaba el tiempo", dice, "aprendí que las artes chinas tenían mucho valor. La historia de china es larga y profunda, y también lo es la historia de sus artes marciales. Las artes marciales chinas tienen una gran profundidad."
Como es de suponer, Nakayama no confinó su estudio de las artes chinas a una visión académica general.
"Entrené muy duro con muchos instructores distintos, y como también yo estaba enseñando Karate, un arte que ellos nunca habían visto, muchos de los instructores llegaron a conocerme bastante bien. De hecho, cuando un periódico japonés envió un equipo de filmación para hacer una historia sobre las artes marciales chinas, sifu (profesores) de toda China vinieron para demostrar ante las cámaras, y ellos me pidieron que hiciera de intérprete. Como cortesía hacia mí, también insistieron en que yo demostrara Karate, así que lo hice. En mi demostración, hice hincapié en el kime y kata.
"En aquella época Japón y China estaban al borde de la guerra, y era bastante desconcertante ver a los periódicos japoneses y a los chinos pelearse por ver qué país tenía las mejores artes marciales. Los japoneses decían que el boxeo chino era de aspecto bonito, pero le faltaba velocidad y kime y evidentemente no era bueno para pelear. Los chinos replicaban que aunque el Karate parecía ser rápido y fuerte y extremadamente poderoso, todavía era solamente un nuevo arte marcial y le faltaba refinamiento y profundidad. Como yo estaba enseñando Karate a muchos alumnos chinos sinceros y ellos me estaban enseñando a mí Kung Fu y Tai Chi, todo el asunto nos parecía divertido."
El estudio de Nakayama de las artes chinas, sin embargo, condujo a mucho más que entretenimiento.
"Entrené durante mucho tiempo", recuerda, "con un sifu de 80 años - un famoso boxeador de Pekín - que era absolutamente extraordinario con sus piernas. Parecía ser capaz de envolver su pierna alrededor de un brazo atacante, y sus movimientos defensivos eran maravillosos. Como resultado de estudiar con él, desarrollé dos nuevas patadas que fueron incorporadas a las técnicas de Karate por el Maestro Funakoshi cuando regresé a Japón. Una es una patada empujando o parada utilizando la planta del pie o la parte más baja de la pierna, y la otra es la patada circular inversa (N.T.: ura-mawashi-geri)."
Tras cinco años en la universidad en Pekín y varios años más trabajando para el gobierno chino, Nakayama regresó a Japón en 1946 para encontrar su país en ruinas por la guerra. Muchos de sus compañeros de entrenamiento se habían perdido en la guerra, y pocos de aquellos que sobrevivieron habían encontrado mucho tiempo para practicar Karate. Incluso peor, el Cuartel General de Poderes Aliados (GHQ) había prohibido la práctica de artes marciales.
"Ellos pensaban que el Karate era parte del Judo", recuerda Nakayama, "pero yo fui a ver al director del Departamento de Educación en el Ministerio de Educación, y él nos ayudó a convencer a los poderes aliados de que el Karate no era en absoluto parte del Judo. Utilizando la premisa de que el Karate era en realidad una forma de boxeo chino - un deporte - recibimos permiso para practicar. ¡El GHQ pensó que el Karate era simplemente un pasatiempo inofensivo! Así que, mientras que las otras artes marciales tuvieron que esperar hasta que la prohibición fue levantada en 1948, nosotros pudimos practicar y progresar."
Hacia el otoño de 1947, Nakayama había reunido lo que quedaba de los alumnos veteranos de Karate en Japón, y estaban de nuevo practicando diariamente bajo la atenta mirada de Gichin Funakoshi. En mayo de 1949, se organizaron oficialmente en la Asociación Japonesa de Karate con Funakoshi como instructor jefe y Nakayama como consejero técnico jefe.
En 1948, la Base de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Tachikawa invitó a Nakayama y a varios instructores de Judo y Kendo para dar una demostración de sus artes. Tan exitosa fue esta demostración que Nakayama fue llamado por otras bases aéreas para dar demostraciones a un ritmo de dos o tres por semana durante los siguientes tres años. Estas demostraciones crearon el marco para la introducción del Karate en América.
"La historia del Karate americano realmente gira alrededor de la decisión del Comando Estratégico Aéreo (SAC) de enseñar artes marciales a su personal", dice Nakayama. "En 1951, el SAC envió a 23 instructores de entrenamiento físico al Kodokan en Tokyo para estudiar las diversas artes marciales con los instructores líderes en Japón. Este programa continuó durante 15 años, y expuso a un gran número de americanos a los principios correctos del Karate, Judo, Aikido y otras artes marciales."
Incluso más significativo que meramente introducir a los americanos al Karate fue el impacto que enseñar a los americanos tuvo en los japoneses. Hasta 1951 el método de enseñanza del Karate había sido bastante simple: los alumnos imitaban a sus instructores y repetían los movimientos una y otra vez hasta que eran perfectos. Los americanos, sin embargo, no querían nada de eso; los americanos querían saber por qué. "¿Por qué deben mis piernas estar aquí y no allí?", "¿Por qué debo girar el brazo cuando golpeo?"
"Inmediatamente se hizo evidente para el Maestro Funakoshi y para mí que si íbamos a enseñar a los americanos, tendríamos que proporcionar una base teórica para nuestro arte", dice Nakayama. "Así, con la guía del Maestro Funakoshi, empecé un intenso estudio de cinética, fisiología, anatomía e higiene. Creímos que con una rigurosa base de mecánica corporal, nos sería más fácil enseñar a los extranjeros."
Con todas las contribuciones al Karate que Masatoshi Nakayama ha hecho, muchos creen que su mayor contribución es de lejos su base teórica de instrucción. Su sistema, resumido en su libro de 1965 "Karatedo Shinkyotei" (Un Nuevo Método para Enseñar Karate-do), se utiliza ahora en las escuelas JKA de todo el mundo, y ha sido copiado por instructores en otras organizaciones, prácticamente en todas partes. Una versión muy condensada de su libro es popular en inglés bajo el título de Dynamic Karate (N.T.: "La Dinámica del Karate").
Otros discuten que la contribución más importante de Nakayama al Karate es el torneo de Karate. Mientras que otros en otros estilos de Karate estaban practicando varias formas de combate libre tan pronto como en 1935, fue Nakayama quien fue en buena parte responsable de idear las reglas originales para la competición de Karate, y fue él quien organizó el primer Campeonato de Karate de Todo Japón en Tokyo en 1957.
"Antes de 1953", dice, "no hubo ningún torneo público organizado en Japón, ni en ningún otro sitio realmente. En realidad, nuestro torneo en 1957 fue el primer campeonato del mundo de Karate."
Paradójicamente, como figura fundamental en el desarrollo del Karate deportivo y como líder de una organización que ha liderado el camino de internacionalizar el Karate a través de la competición, Nakayama no sabe muy bien qué pensar acerca de la competición de Karate.
"Al principio de mi entrenamiento", recuerda, "yo, y otros muchos jóvenes alumnos, queríamos alguna forma de combate. Simplemente no estábamos satisfechos con kata constantemente. Aunque era reacio, el Maestro Funakoshi poco a poco empezó a introducirnos al combate sanbon (tres pasos) y gohon (cinco pasos), y finalmente ippon kumite (combate a un paso). Creo que no le gustaba hacer eso, porque él era muy firme acerca de que el Karate no era un arte bárbaro, combativo. No obstante, hacia 1935, varios clubes universitarios por todo Japón estaban organizando lo que llamaban 'kokan-geiko' (intercambio de cortesías y práctica). Estos intercambios se supone que consistían en práctica de kata y combate a un paso con ataques y defensas preestablecidos. En realidad, a menudo degeneraban en reyertas. Vi narices y mandíbulas rotas, pérdida de dientes y orejas casi arrancadas."
"Me debatía entre la creencia de que el Karate necesitaba un aspecto combativo y la certeza de que alguien iba a morir si aquello continuaba sin restricción. También vi el Judo y el Kendo floreciendo como deportes en el clima pacifista del Japón de la posguerra, y me preocupaba que si el Karate continuaba por su curso sangriento, la gente lo rechazaría.
"Mi solución fue estudiar las reglas de muchos tipos diferentes de deportes, y experimentar con varias ideas de competición. Una vez, por ejemplo, organicé encuentros en los que los participantes llevaban mucho material de protección y pelearon a pleno contacto. La protección estaba diseñada al estilo de armadura de Kendo, pero era por supuesto mucho más ligera. Para mi gran desgracia, descubrimos que la misma armadura, por su tamaño y restricción de movimiento, causaba más lesiones de las que prevenía. Finalmente, los miembros del comité y yo planteamos lo que creímos sería un conjunto de reglas viable para el combate, y el Maestro Funakoshi las aprobó. Todos nos entristecimos mucho cuando falleció tan sólo unos pocos meses antes del primer Campeonato de Todo Japón. Él lo estaba deseando, y sabía que sería el trampolín a la internacionalización del Karate.
"Mi mayor preocupación entonces era asegurar que el Karate, si se le daba un aspecto deportivo, no perdería su esencia como arte. Por lo tanto trabajé muy duro diseñando la competición de kata, y basé las reglas en las reglas de las competiciones de patinaje y gimnasia. Mi única esperanza era conservar la esencia del Karate-do como un arte de autodefensa y abnegación, y evitar que la excitación del combate transformara el Karate en un mero deporte."
Hoy, Nakayama cree que sus esfuerzos tuvieron éxito, pero no sin algunas reservas.
"El Karate full-contact en América y Europa", dice, "desde luego tuvo un lugar en el mundo del Karate, pero no es Karate-do. Do significa 'camino' o 'vía', y significa que el arte es un vehículo para mejorar el carácter humano. Lo más importante es entender que esta búsqueda de un mejor carácter no es un objetivo pasajero o fugaz. Es un proceso para toda la vida que debe perseguirse cada día a través del entrenamiento.
"El deporte", enfatiza, "desarrolla a los contendientes en una línea recta. Es decir, entrenan duro en las técnicas físicas hasta que llegan a ser fuertes, y entonces compiten. A medida que compiten, se vuelven más y más fuertes, y algunos llegan a ser campeones. Pero tras un cierto número de años, el cuerpo empieza a declinar, y el contendiente ya no puede competir con eficacia. Uno progresa sin cesar hacia un estrecho ideal que se alcanza en la cima de la juventud, y entonces la edad trae un declive directo.
"El Karate-do, por otro lado, no tiene tal estrecho ideal como el ganar campeonatos, y el progreso humano en el arte es como escalar una serie de escaleras o pronunciados escalones. Como la mente y el cuerpo crecen juntos, el alumno se mueve continuamente hacia delante y hacia arriba, paso a paso. Incluso cuando el cuerpo decae, hay todavía otro peldaño delante en la búsqueda de la perfección del carácter. Hasta el día en el que mueres, el proceso no tiene fin, porque nadie es perfecto, pero todos podemos llegar a ser un poco mejores si seguimos intentándolo.
"El Karate full-contact", continua, "es como el boxeo ya que está todo basado en la fuerza: la persona más fuerte gana. Aunque no hay nada malo en ello, y ciertamente nada malo en hacer contacto, es muy importante, creo, desarrollar el espíritu humano a través de técnicas controladas. Éste es uno de los pilares de la competición de Karate-do. Ejecutar una técnica rápida y poderosa, y detenerla con perfecto control y precisión, requiere control total de la mente. En deporte, el énfasis está en el cuerpo fuerte; en Karate-do el énfasis está en la mente. Todo empieza y termina con la mente, y esto le da al karateka cualidades que puede trasladar a su vida diaria y utilizar en su beneficio. Este control también permite al karateka controlar sus golpes con la fuerza que sea necesaria. En una situación de defensa personal, el karateka entrenado a conciencia siempre encontrará la distancia adecuada, y la cantidad correcta de fuerza será descargada al objetivo."
Al escuchar a Masatoshi Nakayama hablar de Karate-do, se hace evidente que él considera su arte como un arte de personas virtuosas, un arte con un estándar ético extremadamente alto.
"El alma del Karate-do", dice, "yace en la admonición del Maestro Funakoshi, 'Karate ni sente nashi', que significa que no hay primer ataque en Karate. Pero esto no significa simplemente que el karateka no realizará el movimiento inicial para empezar una pelea. El Maestro Funakoshi nos decía reiteradamente que también es una estricta prohibición contra utilizar las técnicas de Karate despreocupadamente. Este espíritu está plasmado en el kata, cada uno de los cuales empieza con un movimiento defensivo."
Hablando del principio "no hay primer ataque", Nakayama es muy inflexible en su creencia de que: "Esto también significa que un karateka nunca debería actuar de forma que pudiera crear una atmósfera de problemas, y debería evitar lugares donde es probable que ocurran problemas. Si un alumno frecuenta un bar donde ocurren peleas de manera habitual y de repente es instado a utilizar sus técnicas en autodefensa, entonces no entiende el significado de karate ni sente nashi. Realmente, él empezó la pelea, porque sabía que los problemas eran probables, y podría haber evitado completamente el conflicto simplemente no yendo allí."
"Karate ni sente nashi", dice, "es un deseo de armonía entre las personas. En el kata Kanku Dai este deseo de armonía se simboliza en el primer movimiento, que es distinto de cualquier otro kata y que no está directamente relacionado con defensa y ataque. Las manos se levantan juntas por encima de la cabeza, palmas hacia fuera, y el karateka mira al cielo a través del hueco formado por sus dedos y pulgares. Este movimiento expresa identificación con la naturaleza, tranquilidad de cuerpo y mente, y el deseo de armonía. El karateka que entiende esto tendrá un corazón modesto, una actitud gentil, y un deseo de armonía."
Observar a este pequeño hombre (Nakayama no llega a medir cinco pies) practicar su Karate es observar la personificación de los ideales que sostiene con tanta estima.
Durante su reciente gira de dos meses en Norteamérica y el Caribe bajo el patrocinio de Teruyuku Okazaki y la International Shotokan Karate Federation, Nakayama visitó muchos dojos e impartió clases en un lugar que mataría a hombres inferiores. En el dojo de Yutaka Yaguchi en Denver, Nakayama de 69 años se quitó la parte superior de su gi para mostrar a los cinturones negros qué músculos deberían utilizar en varias técnicas. Una alumna, enfermera de unos 30 años, comentó: "En mi experiencia como enfermera, he visto muchos cuerpos de 70 años, ¡pero ese es el primero que he visto que parecía que fuera de 35!"
De hecho, Masatoshi Nakayama vestido de calle aparenta tener 50 años; en gi, atacando a jóvenes cinturones negros por toda la sala con patadas y golpes, parece eternamente joven.
La etapa más elevada de Karate-do, dice, es la trascendencia de cuerpo y mente - un estado en el que la mente y el cuerpo se mueven libre y suavemente, independientemente de la edad o las condiciones físicas. Aunque sería reacio a admitirlo, los seguidores de Nakayama creen que él ha alcanzado este estado y está yendo incluso más lejos. "Él simplemente no es un ser humano normal", dice un instructor.
Para demostrarlo, sus seguidores señalan que Nakayama, también maestro instructor de esquí en su calidad de director del Departamento de Educación Física de la Universidad de Takushoku, fue completamente aplastado por una avalancha mientras esquiaba en los Alpes japoneses en febrero de 1971. Los médicos lo dieron por muerto, y su familia se reunió junto a su cama. No había ninguna posibilidad, dijeron los médicos, de que un hombre de su edad pudiera sobrevivir tal catástrofe. Sin embargo, en lugar de morir, Nakayama se despertó tras unos pocos días y anunció que tenía hambre. Bien, muy bien, reconocieron los doctores, puede que viva, pero nunca volverá a andar. Cuando abandonó el hospital cuatro meses después y reanudó su entrenamiento en el dojo central de la JKA, los médicos, al igual que sus muchos alumnos, se convirtieron en asombrados creyentes. "Hay algo especial en él", dijo un doctor. "Sólo puedo atribuir su recuperación a su increíblemente elevado nivel de forma física, o quizá a un milagro."
Pero oyendo a Masatoshi Nakayama contarlo, no es ningún milagro, y él no tiene nada de especial: "El Karate-do se consigue paso a paso, y también la vida. Simplemente entrena cada día e intenta lo mejor que puedas, y la verdad vendrá a ti."