Karate Deportivo
El Karate-do no es un deporte, es un Arte Marcial. Sin embargo, tiene una faceta deportiva que está muy potenciada actualmente.
Aunque posteriormente cambiaría de opinión, el Maestro Funakoshi ya habló sobre la competición en su primer libro, contemplándola como una posibilidad y sin presentar grandes objeciones al respecto.
Como en aquella época Funakoshi estaba intentando introducir el Karate y que fuese aceptado como un arte marcial japonés, lógicamente esa era la postura más inteligente a adoptar en esos momentos.
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Alrededor del año 1925 los alumnos del Maestro Funakoshi empezaron a incorporar métodos de combate pre-establecido.
Era casi inevitable ya que muchos tenían experiencia previa en otras artes marciales japonesas donde el combate, en una forma u otra, era un aspecto normal del entrenamiento.
Aunque Funakoshi pudo haber aceptado los métodos de combate pre-establecido, se oponía con firmeza a cualquier cosa que pudiera amenazar el concepto de Karate como "Camino" de Artes Marciales.
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En 1928 miembros del Club de Karate de la Universidad Imperial de Tokyo empezaron a experimentar con bogu kumite (combate con protecciones).
Esta práctica fue mal vista por Funakoshi, quien señaló que el combate con armadura había reducido el kenjutsu a un deporte gimnástico, y no quería que el Karate sufriera el mismo destino.
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Casi todo el mundo parece coincidir en que el Maestro Funakoshi no era en absoluto partidario de las competiciones. Sin embargo, este no es el caso de NAKAYAMA Masatoshi, quien como alumno de Funakoshi a la vez que principal promotor del Karate deportivo, evidentemente no le interesaba reconocer abiertamente que sus proyectos para el Karate iban en contra de los ideales del venerado maestro, sino más bien justificarse y popularizar la idea de que incluso contaba con su apoyo.
[...]
Como sea, Nakayama Shihan nos decía a nosotros los aprendices que "las cosas que no puedes aprender en el curso normal de entrenamiento en el dojo [...], sólo pueden ser aprendidas en los shiai (combates)". »
La primera competición oficial de Karate se celebró en octubre de 1957, organizada por NAKAYAMA Masatoshi y la Asociación Japonesa de Karate (JKA). Maestros como Kanazawa, Mikami, Asai, Enoeda o Shirai eran en aquellos tiempos jóvenes karatekas y fueron los primeros competidores de la historia.
Por suerte o por desgracia, el Shotokan es un estilo de Karate cuyo desarrollo reciente (a partir de mediados de los años 1950s) ha estado completamente vinculado a la competición.
Los instructores JKA que fueron enviados al extranjero en los años 1960s para difundir el Karate fuera de Japón no eran maestros, sino jóvenes instructores con éxitos en competición que enseñaron lo que ellos sabían:
Karate japonés moderno enfocado a la competición.
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Hoy existe una gran controversia con respecto a la competición. Muchos maestros opinan que actualmente es una parte más del Karate y que no tiene por qué ser perjudicial para el Arte Marcial si se tienen las ideas claras. Otros, en cambio, piensan que la filosofía de la competición es totalmente opuesta a la de las Artes Marciales, y que ambas cosas son totalmente incompatibles.
Lo cierto es que la competición conlleva una serie de planteamientos y objetivos que en la mayoría de las ocasiones son diametralmente opuestos a aquellos del Karate-do tradiconal. Inevitablemente aparecen conceptos como "mejor/peor" y "ganar/perder". Las Artes Marciales son un camino hacia uno mismo, hacia la propia superación, compararse con otros no sirve ningún propósito. "Mejor o peor que otros"... todo depende de con quién nos comparemos, es algo absolutamente relativo. Ni siquiera el Campeón del Mundo puede considerarse "El Mejor", sólo es el que ha ganado, de los que han participado, en ese momento, en su categoría. Si se repitiera la competición al día siguiente, siendo él igual de bueno, pero con otros árbitros y otras circunstancias, el resultado podría ser totalmente distinto.
El Karate se puede practicar como simple ejercicio físico, para aprender un método de defensa personal, o como Budo, intentando que su práctica nos sirva para el desarrollo tanto físico como mental y que sus principios sean nuestra referencia en todos los ámbitos de la vida. El fin de la competición, en cambio, es en primera y última instancia ganar, y esta idea acaba siendo la que lo rige todo. Aquel que compite deja de ser karateka y se convierte en un competidor, un deportista dedicado únicamente a tal fin y que en el mejor de los casos sólo tiene un interés secundario en cualquier otra faceta de la disciplina o arte que se supone practica.
Como en todos los deportes, la competición requiere una especialización máxima, incluso dentro de la propia competición. Hay dos modalidades, kata y kumite, y aquellos que se dedican a una de ellas son totalmente ajenos a la otra. La idea tradicional es que todas las áreas del Karate son imprescindibles e inseparables, y uno debería entrenarse en todas ellas con la misma dedicación.
Los competidores de kata no suelen participar ni practicar el kumite, y sucede exactamente lo mismo pero a la inversa en el caso de los competidores de combate. Tiene todo el sentido del mundo, ambas modalidades son tan diferentes y tienen tan poco que ver la una con la otra, que para un competidor de una modalidad distraerse con la otra no sólo es innecesario sino una pérdida de tiempo. Cuando kata y kumite son tan diferentes, "algo falla".
Con respecto a la competición de kata, antiguamente había una máxima: "hito kata sannen" (un kata tres años). Aunque esto es prácticamente imposible de cumplir al pie de la letra hoy en día, la idea de que cada elemento debe ser practicado y estudiado al detalle hasta dominarlo es fundamental en Artes Marciales. No se deberían saltar escalones y pasar a algo más difícil cuando no se tiene el suficiente dominio de lo anterior.
Esto no es factible en la competición, donde para estar en igualdad de condiciones y obtener los máximos resultados, todo el mundo se aferra a los ejercicios más "superiores", o mejor dicho, a los más vistosos o más de moda en ese momento. Es cierto que se mira al máximo el detalle, pero únicamente el que concierne a la estética, que acaba siendo lo más importante. El kata se convierte en una representación teatral, una coreografía donde indudablemente prima mucho más la presentación que el sentido real de las técnicas.
En la competición de kata lo que se premia es la velocidad y la apariencia. Un torneo de kata nunca puede ser mucho más que un concurso visual, dado que las técnicas se lanzan al aire y los jueces sólo pueden juzgar en base a la representación. Se otorga cierta importancia a los valores clásicos1, pero sólo de palabra, a la hora de la verdad lo que se valora por encima de cualquier otra cosa es la estética de la técnica, y los aspectos importantes del kata de competición se reducen a técnicas (que cambian según la moda) alteradas, exageradas o "recortadas", para ganar vistosidad o velocidad e impresionar así a la audiencia y a los jueces: pausas largas y teatrales, karategis especialmente cortados, el ceremonial a la hora de entrar o salir del tatami... Todo ello, tan alejado del sentido y utilidad original del kata, pasa a ser no sólo importante sino esencial. Como también lo es el tejido del karategi, fundamental para producir el atractivo "efecto snap", la única forma de "demostrar potencia" con la ejecución del kata.
Para ser el mejor competidor o juez de kata, ni siquiera es necesario comprender (saber) los katas. Como sólo son rutinas gimnásticas, únicamente hace falta poder ejecutarlos y juzgarlos de manera competente según los criterios de la competición.
La "alarmante" falta de comprensión y totalmente equivocada interpretación de las técnicas se ve claramente reflejada en las auténticas (e intencionadas) representaciones cinematográficas a las que llaman "bunkai".
De forma similar a lo que sucede con el kata, en el kumite de competición también se apela a los valores tradicionales2 pero en realidad las técnicas eficaces del Karate tradiconal no sólo no son puntuables sino que están prohibidas, y se penalizan.
El kumite de competición está totalmente desvinculado del propósito original del Karate. Se pueden observar toda una serie de detalles curiosos:
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Está claro que jamás veremos posiciones ortodoxas de Karate (zenkutsu-dachi, kokutsu-dachi, nekoashi-dachi…) en un combate de competición...
Pero tampoco defensas (uchi-uke, soto-uke, jodan-uke, shuto-uke…).
¿Acaso no sirven las técnicas de defensa que con tanto ahínco practicamos normalmente en kihon y kata?
Evidentemente, no. Para el kumite de competición, no sirven. - Las técnicas que más puntúan son las más difíciles (no de ejecutar, sino de tener éxito) y por tanto las menos realistas.
Alguien podría pensar que, por ejemplo, una patada en la cabeza podría ser muy efectiva. Sí, sin duda... sobre todo si el adversario se encuentra ya en situación de desventaja, por ejemplo, agachado o en el suelo. Pero si tenemos que levantar la pierna hasta la cara de un adversario erguido... la cosa cambia. Y también cambia si existiera la posibilidad de que el adversario pudiera responder, por ejemplo, con una patada a la rodilla o ingle del que ataca con la patada jodan (nivel alto). El éxito para uno u otro en esta misma situación sería completamente distinto dependiendo del escenario: tatami de competición o escena de violencia. En el tatami de competición la patada jodan (que no sería lanzada con la intención de reducir a cero al oponente) podría suponer 3 puntos para quien la realiza sin ningún riesgo (al competidor oponente jamás se le ocurriría reaccionar con un ataque prohibido a la rodilla/ingle que podría descalificarle); en una situación de violencia, en cambio, sucedería justo lo contrario: las mayores probabilidades de éxito estarían en el lado del que recibe la espectacular patada, ya que podría responder con una técnica más fácil, menos arriesgada, y por tanto mucho más efectiva. Esto ejemplifica la diferencia de objetivos y métodos entre el Karate deportivo y el Karate efectivo. En el Karate deportivo el objetivo es ganar (marcar puntos) sin dañar al adversario (lo que supondría perder puntos), y por consiguiente tampoco hay riesgo de ser dañado. En el Karate efectivo (tradicional) el objetivo es preservar la integridad física destruyendo al adversario sin miramientos.
Curiosamente algunas personas piensan que el combate de competición es el más cercano a una situación real de violencia, y por tanto el tipo de kumite más realista y útil para defensa personal.
Otras personas, más conscientes del sentido original del Karate y sus técnicas, y de lo que constituyen realmente actos habituales de violencia, piensan que una buena forma de enfocar la defensa personal es practicar precisamente todas aquellas técnicas que están prohibidas en la competición.
Se dice que deportes de contacto como el Full Contact surgieron a partir del Karate, buscando el realismo del que carecía este último. Los deportes de contacto pretenden mostrarse más duros, más realistas, y más eficaces que las Artes Marciales pero, con el debido respeto, si son tan "duros", ¿por qué utilizan protecciones?, ¿es eso realista?... Si el realismo fuera tan gratuito, entre otras cosas, se golpearían con los nudillos desnudos, pero no, no lo es.
Mucha gente dice "El Karate es a marcar, ¿no?...". No, el Karate no es "a marcar", la competición de Karate es "a marcar", lo cual desde mi punto de vista es coherente y por tanto totalmente acertado para ese enfoque. La idea es que la excelencia no está en pegar, sino en demostrar que podríamos hacerlo si quisiéramos, que somos capaces de lanzar una técnica con velocidad y potencia pero controlarla y detenerla en el instante que queramos (en competición, justo antes del impacto).
Lo cierto es que las técnicas son muy peligrosas y no pueden utilizarse realmente sobre otra persona a no ser que nos veamos atrapados en una situación crítica y excepcional donde la integridad física de alguien corre peligro y no hay otra salida. La competición, en cambio, es un deporte, y como tal se lleva a cabo en un entorno controlado en el que se busca minimizar al máximo posibles daños y lesiones. Nadie va a una competición o a un entrenamiento dispuesto a matar o a morir. Se puede tener en mente esta idea cuando se golpea al aire (kihon/kata) o al makiwara, saco, etc., pero no cuando hay otra persona enfrente que está prestando su cuerpo y habilidad para que nosotros mejoremos al practicar o medirnos con ella. Por eso, el Karate no puede ser un deporte, y el deporte no puede ser Karate. Fundamentalmente, el deporte está sujeto a reglas; en cambio, la defensa personal (Karate), no lo está.
En la competición de kumite, la gran cantidad de técnicas que existen en Karate se reduce a tres o cuatro. Esto es lógico, en una situación real tampoco nos arriesgaríamos a fallar (estaría en juego bastante más que perder puntos) y utilizaríamos únicamente aquellas técnicas que consideráramos con más probabilidades de éxito para esa situación. El problema radica en que se reduce considerablemente el amplio arsenal de técnicas que existen en Karate, y "éxito" aquí significa "marcar y evitar ser marcado", y no "dañar para evitar ser dañado". Si únicamente se entrena combate de competición, toda la riqueza del Karate se reduce a las mismas tres o cuatro técnicas, que además únicamente se practican en su formato de competición, orientadas a ese escenario en concreto.
Los golpes pasan a tener el objetivo de "marcar puntos" en contraposición a "acabar con el adversario". Dañar al oponente no está permitido, y se castiga con penalizaciones. Esto rompe una lanza en favor de la competición de Karate como deporte: es fundamental el control y protege la integridad de sus participantes. Sin control no hay deporte ni arte, sólo barbarie. No obstante, no es poco frecuente que resulte vencedor de un encuentro por puntos aquel que habría perdido la pelea por golpes, y una vez más comprobamos que los objetivos de la competición son opuestos a los del Karate como arte marcial.
Por supuesto un competidor puede ser bien capaz de defenderse, al igual que un boxeador, por ejemplo. Parte y resultados de su entrenamiento, como la buena forma física, velocidad y agilidad, etc., pueden ser útiles y directamente aplicables y válidos para la defensa personal. Pero su entrenamiento no está enfocado a eso, sino a derrotar a otro competidor en un escenario de competición.
Katas que se realizan en los campeonatos son de ficción, igual que kumite de competición. »
Observando a los competidores de kumite "pelear" es imposible identificar cuál es su estilo original de Karate. Esto es así porque todos practican el mismo estilo: el "estilo deportivo" o "estilo de competición", ejemplo que pone claramente en evidencia que la competición de Karate es un estilo en sí misma, un estilo nuevo y totalmente independiente.
Los competidores de kata también juegan a hacer "katas de otros estilos" (de estilos diferentes al original del competidor), pero en realidad no existe tal cosa, todos los katas que se utilicen en competición son katas del "estilo competición", y no katas de tal o cual estilo "clásico" de Karate.
Se han realizado grandes esfuerzos (sin éxito hasta el momento) para conseguir que el Karate sea olímpico. Cuando se entrevista a los maestros una pregunta obligada es "¿qué opina usted de que el Karate llegue a ser olímpico?". Se aprecia de inmediato un tono de gran preocupación, ¿qué pasará con el Karate si llega a ser olímpico? ¿se corromperá? ¿se perderá su esencia? ¿se obsesionarán los practicantes con ganar medallas dejando de lado los valores tradicionales?
Si algo de eso puede suceder, ya ha sucedido, las Olimpiadas no van a cambiar nada. El Karate jamás podrá llegar a ser olímpico porque no es un deporte. La competición de Karate es lo único que podría llegar a ser reconocido como deporte olímpico. ¿Qué sucedería entonces? Pues absolutamente nada: los competidores podrían disfrutar cada 4 años de una importante competición internacional más; y para aquellos que practican Karate ignorando la competición, que la competición de Karate pueda llegar o no a ser olímpica tiene el mismo interés que si estuviéramos hablando del golf, patinaje, surf o rugby. Si la competición ha podido "corromper" el Karate de alguna manera, ya lo ha hecho, pero siempre habrá personas interesadas en el Karate Tradicional.
[...]
Ganar o perder... es una gran cuestión. Hay veces en las que no debes perder, pero también es malo ganar. Después de haber vivido más de 62 años, lo que he aprendido es esta única verdad en la vida: En las competiciones se trata de medallas y ganar, pero en la vida se trata de "no perder". Ésta es la filosofía del verdadero Karate. »
También existe lo que se denomina "competición de Karate tradicional", que pretende ser más realista. No se utilizan protecciones; no hay categorías por pesos; y son a un solo punto, ya que en una situación real lo más probable es que no hubiese una segunda oportunidad. Las primeras competiciones organizadas por la JKA tenían estas características, y no han cambiado mucho desde entonces. Este tipo de competición está vinculada a las organizaciones de "Shotokan tradicional" (no WKF).
Árbirtro: NAKAYAMA Masatoshi.
Esta idea de competición no es la más acertada, ya que se mezclan dos enfoques supuestamente diferentes, e incompatibles en muchos sentidos. "Competición" y "tradición" son palabras que, hablando de Karate, no pueden ir juntas. Podemos estar más, o menos de acuerdo con la idea del Karate como deporte, pero rehusar considerar el Karate un deporte, y sin embargo pretender demostrar y mantener su marcialidad a través del mismo, es incoherente, además de poco factible.
Una competición de Karate nunca será similar a una situación real, por mucho que lo pretenda. En una competición hay reglas, en una situación real no; en una competición se pretende ganar, en una situación real sobrevivir; en una situación real se tendría en mente la idea de acabar con el oponente, sin cohibiciones, en la competición siempre existe (o debería existir) consideración por el oponente, no es un enemigo; y, fundamentalmente, medirse con otro karateka, sea cual sea el formato de la competición, no representa la intención original del Karate.
[...]
El peligroso potencial de esta tradición [...] no está pensado para el entretenimiento de la misma manera que el pugilismo occidental.
[...]
Espero que sea evidente que el Karate no es una disciplina de deportiva [...]. La única vez que la efectividad del Karate puede ser presenciada, ¡es si te la encuentras en la calle! »
Como vemos, el Karate y la competición en muchos aspectos no tienen nada que ver entre sí, son dos cosas totalmente distintas, e incluso en muchas ocasiones, opuestas. No obstante, esto no significa que todo lo relacionado con la competición deba considerarse necesariamente "negativo". Es simplemente diferente. Los problemas aparecen cuando se mezclan los conceptos.
Normalmente los competidores entrenan más que la mayoría de los practicantes que no tienen el objetivo de la competición en mente, y como consecuencia obtienen un nivel más alto del que tendrían si no compitiesen. Pero tengamos en cuenta que ser mejor atleta no significa ser mejor karateka.
Tampoco es justo criticar la "orientación deportiva" de la competición de Karate, porque la competición, como en cualquier otro deporte, es precisamente eso, y sólo eso: deporte. En la competición no hay que buscar defensa personal, ni "valores tradicionales", ni el "arte" o la "esencia" del Karate, etc., etc... La competición es por definición una búsqueda declarada de la victoria, y el espectáculo, y no hay que darle más vueltas.
Por otro lado, no se debería olvidar que, aunque la competición es el tipo de Karate más conocido, vistoso, y popular, únicamente una pequeña minoría de los practicantes en todo el mundo participan en ella.
La competición de Karate requiere habilidad, y tiene tanto mérito y merece tanto respeto como cualquier otra disciplina, como por ejemplo la danza, la gimnasia, o la esgrima, pero no es Karate como arte marcial.
Ni siquiera es una faceta del Karate, sino un derivado que, si bien es cierto puede aportar una buena experiencia en una etapa temprana del aprendizaje, también puede ser absolutamente prescindible para aquellos que tienen otros objetivos, como practicar Karate como el Arte Marcial que era originalmente.
No se trata de criticar gratuitamente a la competición, sino de mostrar que se ha llegado a un punto en el que las percepciones están tan alteradas, que se piensa que la competición es Karate, y que Karate es el enfoque deportivo que vemos actualmente.
Es necesario saber diferenciar, y comprender qué es lo que se está practicando y con qué objetivos, y llamar a las cosas por su nombre, de lo contrario surgen los problemas.
Muchos instructores (orientales y occidentales) repiten una y otra vez que la competición no es tan importante... y después pasan la mayor parte del tiempo enseñando métodos de competición y organizando eventos deportivos.
Muchas personas entrenan y enseñan bajo la ilusión de que la única diferencia entre "Karate" (incluso "tradicional") y "Karate deportivo" es simplemente el hecho de participar o no en competiciones.
Karate deportivo
(competición)
- Hay reglas.
- Hay protecciones.
- Objetivo: Ganar.
- Adversario: De tus mismas características; jugará según tus reglas.
- Kumite: basado en el ataque; no se debe dañar al oponente.
- Kata: basado en la apariencia.
- Bunkai: bonito, espectacular, complicado y nada realista ni efectivo.
- Hojo undo: no es necesario.
- Para jóvenes atletas.
Karate tradicional
(autodefensa)
- No hay reglas.
- No hay protecciones.
- Objetivo: No perder (no resultar herido).
- Adversario: Cualquiera; no jugará según tus reglas.
- Kumite: basado en la defensa y en la inhabilitación del oponente.
- Kata: basado en la funcionalidad.
- Bunkai: feo, nada espectacular, simple, realista y efectivo.
- Hojo undo: imprescindible.
- Para cualquiera y para toda la vida.
Para aquellos que practican competición debería ser importante tener presente que la competición sólo es una pequeña parte del Karate actual, y no la más importante. Es para algunos años, mientras se es joven, y no todo el mundo es apto para dedicarse a ella.
Después de la competición aún queda mucho por hacer y aprender en Karate-do.
"El Kata debe ser realizado de forma competente, y debe demostrarse una buena comprensión de los principios tradicionales que contiene."
"El Kata no es un baile ni una representación teatral.
Debe guardar los valores y principios tradicionales."
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"Una técnica con 'Buena Forma' debe tener características que le confieran eficacia probable dentro del marco de los conceptos del karate tradicional."
[fuente]


